¿Samuel en la ultratumba?

 

¿Cómo armonizan su creencia de la total inconsciencia de los muertos, con el relato bíblico de la adivina de Endor, quien trajo a Samuel para que se comunicara con Saúl? (1 Samuel 28:7-19)

 

Saúl dijo a sus siervos: “Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte” (1 Samuel 28:7). Encontraron a una tal mujer en Endor. Esta preguntó: “¿A quién te haré venir [alá: subir]? Y él [Saúl] respondió: Hazme venir [alá: subir] a Samuel” (vers. 11). La mujer dijo entonces: “He visto dioses que suben [alá] de la tierra … Un hombre anciano viene [alá: sube], cubierto de un manto” (vers. 13-14). “Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir [alá: subir]? … Jehová entregará a Israel también contigo en manos de los filisteos y mañana estaréis conmigo tú y tus hijos” (vers. 15-19).

La narración nada dice acerca del profeta Samuel bajando del cielo para la ocasión. Saúl emplea la palabra subir. También la adivina emplea esa expresión, y asimismo el supuesto Samuel: subir (de la tierra). Si a alguien interesara ese extraño y trágico relato, sería más bien a quienes creemos que los muertos resucitarán viniendo de la tierra, subiendo de ella. Pero en nuestro estudio respecto al estado del hombre al morir no consideramos seguro basarnos en los eventos y conversaciones de una sesión espiritista infestada de demonios y condenada por Dios. No obstante, dado que quienes creen en la inmortalidad natural del alma apelan a esa sesión espiritista, preguntamos: ¿cómo armonizan esas declaraciones con sus creencias? Su creencia consiste en que los justos que murieron están arriba en el cielo, no abajo en “la tierra”. ¿Cómo es posible que subir de la tierra signifique bajar del cielo?

En el relato se describe a Samuel como “un hombre anciano … cubierto de un manto”. ¿Es esa la forma en que existen los espíritus inmortales? ¿Viven en un cuerpo anciano y se cubren con mantos? Si tal es el caso, ¿dónde y cuándo obtuvieron el cuerpo? Si la respuesta es que hubo una resurrección, tal respuesta deja sin efecto la objeción, pues creemos que los muertos resucitarán. Pero no creemos que el diablo tenga poder para resucitar muertos, y ciertamente Dios no estaba bajo las órdenes de aquella adivina de Endor, quien estaba bajo la condena a muerte del edicto divino que prohibe la brujería (Levítico 20:27; Deuteronomio 18:10-11).

Según el relato, Saúl remató su vida pecaminosa cometiendo suicidio (1 Samuel 31:4). Pero “Samuel”, prediciendo la muerte de Saúl, declaró: “Mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos”. Responda quien cree en la inmortalidad natural del alma: ¿Dónde estaba Samuel, dado que se reuniría “mañana” con el injusto y suicida Saúl? Es sorprendente que recurran a ese episodio quienes procuran encontrar justificación bíblica a su creencia sobre la inmortalidad del alma y a la supuesta existencia de las almas separadas del cuerpo. Al hacer así, hacen subir de la tierra a Samuel, mientras que según su creencia se le supone en el cielo; y hacen que el inicuo Saúl vaya a reunirse con el justo Samuel, mientras que su suicidio real lo habría de situar en el fuego del infierno.

Ahora bien, ¿por qué el pasaje habla de “Samuel” cuando en realidad él no estaba allí? Observa que el relato no dice que Saúl viera a “Samuel”. Cuando la pitonisa “clamó en alta voz”, Saúl la tranquilizó y le preguntó: “¿Qué has visto?” Y después le preguntó: “¿Cuál es su forma”? Si Samuel hubiera estado realmente allí, ¿qué necesidad habría tenido Saúl de hacer esas preguntas? Él lo conocía bien. Aparentemente sólo los ojos de la bruja fueron capaces de discernir la figura de un hombre anciano cubierto de un manto. Leemos que Saúl entonces “entendió que era Samuel”. La palabra hebrea “entendió” [yadá] es distinta a la que significa “vio” [raá]. Saúl supuso, dedujo —a partir de la descripción que le hizo la pitonisa— que Samuel se había hecho presente.

Aquella bruja engañó a Saúl. Engañada ella misma por el diablo, probablemente también pensó que se trataba de Samuel, y Saúl aceptó al punto la explicación de ella. La narrativa bíblica simplemente describe aquella sesión espiritista en los términos de la suposición de la adivina y de Saúl. Literariamente se lo conoce como el lenguaje de la apariencia visual. Allí donde ese relato cita a “Samuel”, podemos simplemente entender que fue la aparición —generada por la inteligencia diabólica— que la pitonisa y Saúl supusieron que se trataba de Samuel, y que en realidad era un esquema satánico que tenía el propósito de inducir a Saúl al suicidio, cosa que por desgracia logró tras haberse separado irremediablemente de Dios al consultar “a los muertos por los vivos” (Isaías 8:19), que es a lo que se expone todo quien crea en la doctrina de la inmortalidad natural del alma.

 

Tomado de Francis D. Nichol, Answers to Objections (Review and Herald Publishing Association, Washington).

 

Traducción: www.libros1888.com