En mi nombre echarán fuera demonios
LB, 25 julio 2016

 

Se entiende que nuestro ministerio en favor de quien se sabe “poseído” responde a una petición por parte de quien sufre el problema, o bien de algún familiar o amigo.

No hemos de pensar que el que está poseído tenga necesariamente nociones claras sobre su problema. Es posible que ni siquiera crea en la existencia del diablo. Pero de una cosa será dolorosamente consciente: no es el dueño de su voluntad, hay un poder que decide por él; ha perdido el control, se siente en la angustia de la esclavitud, y de ahí que haya solicitado nuestra ayuda.

Es más que probable que no seamos los primeros a quienes acudió. Con toda seguridad habrá pedido ya consejo y ayuda a otros. Es muy probable que haya ido a profesionales de la salud mental que no pudieron resolver el problema. Y es también probable que haya recurrido a profesionales de la salud del alma que pueden haber optado por el camino fácil de remitirlo a los profesionales de la salud de la mente. Si es así, será doblemente consciente de su situación desesperada, y es probable que esté cediendo a la sugerencia de su amo, consistente en que no hay por qué esforzarse, ya que no existe un remedio para su situación, y por lo tanto su esclavitud es irreversible. Así pues, no partiremos de una situación “de fe”. Nos habremos de valer de su sentimiento de necesidad, más bien que de su fe en un remedio. Afortunadamente, el Señor sigue oyendo y compadeciéndose ante el clamor: ‘Sálvame, que perezco’ (Mat 8:25). Y responde a la oración: ‘Creo; ayuda mi incredulidad’ (Mar 9:24).

Tenemos, pues, a favor que se siente esclavo y que tiene deseos de encontrar liberación. En ambas cosas hemos de ver la obra amorosa del Señor mediante su Espíritu Santo.

1. Será bueno hacerle ver en este punto, que esa ansia de liberación es un indicativo de que está en acción el amor de Cristo, quien lo está buscando para sacarlo de la esclavitud y darle una vida nueva y abundante de libertad en la que vuelva a ser él quien tenga la capacidad de decisión y recupere la dignidad que Dios ha dado al ser humano:

Vosotros, en cuyo corazón existe el anhelo de algo mejor que cuanto este mundo puede dar, reconoced en este deseo la voz de Dios que habla a vuestra alma (El camino a Cristo, 28).

2. El siguiente paso es confirmarle que, efectivamente, la esclavitud a una voluntad ajena es un problema grave. De hecho, tan grave, que sólo el poder de Jesucristo puede librarlo:

Si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres (Juan 8:36).

En el mismo pasaje, Jesús da la clave para entender el problema del que él es la única solución:

Todo aquel que practica el pecado, es esclavo del pecado (Juan 8:34).

Nos da una explicación adicional acerca de cómo actúa él para liberar del pecado:

Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Juan 8:31-32).

“La verdad os hará libres”: Cristo es la Verdad. Él nos libra mediante su Palabra. Su palabra es verdad (Juan 17:17). Encontramos a Cristo, a su palabra, en la Biblia. Conocerlo a él, conocer su palabra, es el camino a la libertad.

 

¿Es “exorcismo”, lo que necesita?

Cuando alguien es atormentado por el diablo, se suele pensar en el exorcismo, que en su acepción popular consiste en echar al espíritu inmundo mediante un rito supersticioso: una cura rápida para quitar lo que molesta, sin una renovación profunda de la mente, de la vida.

En este estudio intento hacer ver cómo la posesión diabólica va siempre unida al pecado, puesto que Satanás va siempre asociado al pecado; por lo tanto, no puede haber verdadero “exorcismo” si se expulsa a Satanás sin expulsar a la vez el pecado, entendiendo por pecado todo lo que es contrario a la voluntad de Dios (expresada en su ley).

Visto desde otro punto de vista: la única forma de no ser dirigido por el diablo (quien esclaviza), es ser dirigido por Dios en Cristo (quien libera). Y la única forma de conservar la libertad es permaneciendo en Cristo.

En el ministerio de Jesús y de los apóstoles, el echar fuera demonios iba asociado a la enseñanza (frecuentemente en la sinagoga, en sábado), y en particular a la enseñanza sobre el arrepentimiento. Se deben poner en contraste dos procederes contrapuestos:

·       “Exorcismo”: expulsar a Satanás, dejando abierta la puerta que le dejó entrar (PEOR que inútil).     

·       Liberación según Cristo: entrega a Jesús mediante el arrepentimiento (que incluye confesión y abandono del pecado). Satanás es expulsado cuando se renuncia al pecado, y el espacio es llenado por el Espíritu Santo.

Es fundamental hacer comprender la naturaleza del problema, y llevar a la decisión de romper con el diablo y con el pecado, confiando y entregándose a Cristo como el Único que lo puede efectuar. Sólo en la Biblia se puede encontrar la verdadera comprensión del problema y de su solución. Al terminar el estudio, sugiero recomendar El Camino a Cristo, obra maestra sobre la entrega al Salvador y Libertador, que permitirá al afectado desarrollar y mantener ese vínculo vital con el Señor ayudado por esa lectura inspirada. Si la posesión afectó a un cristiano —lo que no es excepcional—, sugiero también la lectura de El Deseado de todas las gentes, especialmente los capítulos titulados ‘Getsemaní’ y ‘Calvario’, donde se encuentra de una forma especial el poder del evangelio de Cristo para cambiar a las personas y liberarlas de la esclavitud. Se debe recordar que si bien Satanás es el enemigo de la ley de Dios, lo es todavía con mayor pasión de la cruz de Cristo, sabedor de que encierra el poder que lo derrotó y lo seguirá derrotando hasta su completa aniquilación.

No basta con un conocimiento limitado a Cristo (a Dios), ignorando la existencia de un enemigo. Es necesario comprender el problema a la luz del conflicto cósmico entre Cristo y Satanás. Sigue a continuación una serie de ideas y textos clave, que pueden ayudar a diseñar una estrategia de estudio adecuada para cada caso particular:

 

Planteamiento del problema

Mat 13:27-28

Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo, pues, tiene cizaña? Él les dijo: “Un enemigo ha hecho esto”.

 

Existencia de Satanás: conflicto cósmico

Isa 14:12-15

¡Cómo caíste del cielo, Lucero, hijo de la mañana! Derribado fuiste a tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: “Subiré al cielo. En lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, en los extremos del norte; sobre las alturas de las nubes subiré y seré semejante al Altísimo”. Mas tú derribado eres hasta el seol, a lo profundo de la fosa.

Apoc 12:7-9 (-12)

Entonces hubo una guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón. Luchaban el dragón y sus ángeles, pero no prevalecieron ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero. Fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.

 

Carácter de Satanás: pecador, homicida y mentiroso

1 Juan 3:8

El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. (* pecado: 1 Juan 3:4: Satanás odia la ley de Dios y la cruz de Cristo).

Juan 8:44

Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, pues es mentiroso y padre de mentira.

Isa 14:20

No serás contado con ellos en la sepultura, porque tú destruiste tu tierra, mataste a tu pueblo. No será nombrada por siempre la descendencia de los malignos.

 

Necesidad de estar alerta. Desconocimiento equivale a peligro

1 Juan 4:1

Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.

Mat 7:22-23

Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Entonces les declararé: “Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!”

2 Cor 11:13-15

Estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. Y esto no es sorprendente, porque el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan de ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.

 

Remedio: (1) Conocer al enemigo

Mat 12:43-45

Cuando el espíritu impuro sale del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, pero no lo halla. Entonces dice: “Volveré a mi casa, de donde salí”. Cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entran y habitan allí; y el estado final de aquel hombre viene a ser peor que el primero.

 

Remedio: (2) Conocer a Dios

Juan 17:3

Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. (ver también Jer 9:23-24).

 

¿Cómo conocer a Dios?

Juan 10:9-11

Yo soy la puerta: el que por mí entre será salvo; entrará y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.

Juan 5:39 y 46

Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí.

Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.

 

Asociación entre la enseñanza del evangelio y la expulsión de demonios

Mar 1:23-26

Había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu impuro, que gritó: —¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios. Entonces Jesús lo reprendió, diciendo: —¡Cállate y sal de él! Y el espíritu impuro, sacudiéndolo con violencia y dando un alarido, salió de él.

Mar 1:21

Entraron en Capernaúm, y el sábado entró Jesús en la sinagoga y comenzó a enseñar.

Mar 1:39

Predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.

Mar 6:6-7, 12-13

[Jesús] recorría las aldeas de alrededor, enseñando. Después llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, y les dio autoridad sobre los espíritus impuros.

Saliendo, predicaban que los hombres se arrepintieran. Y echaban fuera muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.

 

* Arrepentimiento

Proverbios 28:13

El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia. (ver también Hechos 2:38 y 3:19).

 

Dado que la persona poseída (no simplemente molestada) por un espíritu inmundo —o varios—, con toda probabilidad tendrá maltrecha su percepción y debilitada su voluntad, no es de esperar una primera reacción mejor que su simple deseo de liberación. ¡Por el momento eso ya es mucho!

Si siente tal deseo y lo expresa, en ello está dando ya permiso al Salvador para que lo arranque de las manos del enemigo; y el Señor ha propiciado que, como embajadores suyos, le llevemos las buenas nuevas de la liberación. Hemos de entender que el Señor lo está atrayendo, y que lo ha dirigido a nosotros, discípulos suyos, para que ministremos en su favor.

El estado lamentable de las facultades espirituales del poseído hará necesaria / imprescindible nuestra intercesión. Eso significa que la débil fe del poseído necesitará de una forma especial el apoyo de nuestra fe en el poder de Dios, y nuestras oraciones fervientes e incesantes:

Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: —Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados (Mat 9:2).

El paralítico parecía estar en una situación tal, que era necesario recurrir a la fe de otros en su favor. Esa fe intercesora era de todo punto evidente en el caso de la resurrección de Lázaro (Juan 11:39-40). En realidad, esa fe intercesora es un fruto y reflejo de la fe de Jesús ejercida en nuestro favor.

Es de importancia vital que al entrar directamente en contienda con las potestades de las tinieblas estemos seguros de nuestra propia vocación y entrega. Sólo entonces podemos confiar en el poder supremo de Cristo (1) para liberar al cautivo, y (2) para protegernos del mal físico y espiritual. Observemos cómo ambas cosas van unidas:

Regresaron los setenta con gozo, diciendo: —¡Señor, hasta los demonios se nos sujetan en tu nombre! Les dijo: —Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Os doy potestad de pisotear serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará (Luc 10:17-19).

Cuando ministramos en favor de los poseídos por demonios hemos de tener siempre presente que una actitud deficiente por parte de ellos puede resultar en una falta de resultados positivos en el poseído. PERO una actitud deficiente en nosotros, en nuestra fe, en nuestra relación con Dios, además de poner en peligro la eficacia del ministerio en el poseído, nos pondrá a nosotros en una situación de serio peligro. De ahí la necesidad de instrucción, consagración, oración y ayuno.

Sugiero poner a prueba nuestra fe con este pensamiento: al ministrar en favor de un poseído por espíritus de demonios, no podemos esperar un mayor poder de Dios para protegernos personalmente, que el que podemos esperar de Dios para librar al cautivo. Es el mismo Dios quien ha prometido ambas cosas, y no podemos creer la una mientras dudamos de la otra. De hecho, dudar del poder de Dios para librar al cautivo delata falta de fe, y esa falta de fe nos pondrá en una situación vulnerable en lo personal. Decididamente, ese no es un ministerio para ser asumido sin reflexión, y menos aún con ligereza. Por motivos obvios, no parece recomendable que se implique en este ministerio quien dude del poder de Dios para dar la victoria completa sobre el pecado y la protección completa ante el autor del pecado:

¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? (Luc 14:28 y 31)

Sólo estando en Cristo, y estando él en nosotros, podemos hacer frente a ese enemigo. No es ese un combate al que podamos acudir desarmados:

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo, porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, habiendo acabado todo, estar firmes.
Estad, pues, firmes, ceñida vuestra cintura con la verdad, vestidos con la coraza de justicia y calzados los pies con el celo por anunciar el evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Orad en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velad en ello con toda perseverancia y súplica
(Efe 6:11-18)

Al leer “en mi nombre echarán fuera demonios” (Mar 16:17) solemos sentirnos frustrados, ya que no es de forma habitual como oímos, presenciamos o participamos en curaciones de ese tipo, o bien del otro tipo que menciona el versículo siguiente: “sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”.

En la página 227 de Primeros escritos encontramos una de las razones para esa falta de resultados:

La iglesia no es ahora el pueblo apartado y peculiar que era cuando los fuegos de la persecución estaban encendidos contra ella. ¡Cuán empañado está el oro! ¡Cuán transmutado el oro fino! Vi que si la iglesia hubiese conservado siempre su carácter peculiar y santo, todavía permanecería en ella el poder del Espíritu Santo que recibieron los discípulos. Sanarían los enfermos, los demonios serían reprobados y echados, y la iglesia sería potente, y un terror para sus enemigos.

Eso se publicó en Spiritual Gifts, en 1858. ¿Qué diría ahora Ellen White si escribiera en nuestros días? Una cosa es cierta: necesitamos “el poder del Espíritu Santo que recibieron los discípulos”, para poder tener éxito en esa misión y en todas las demás que el Señor nos ha encomendado. Para nosotros, eso significa la lluvia tardía, y “lluvia tardía” debiera llevar nuestra mente de forma inmediata a 1888, año en el que el Señor, en su gran misericordia, nos envió el preciosísimo mensaje que, de haber sido aceptado, habría significado justamente lo que necesitamos: el derramamiento del Espíritu Santo en la lluvia tardía. Nuestra querida iglesia se arrepentirá de haber rechazado ese mensaje “en gran medida”, lo recibirá en su plenitud, el Señor derramará su Espíritu Santo en la lluvia tardía. Entonces abundarán las conversiones, las sanaciones de enfermedades físicas y las expulsiones de demonios. ¡Ojalá sea en nuestros días!

¿Significa lo anterior que debiéramos abstenernos ahora de ministrar en favor de los enfermos y de los endemoniados? —Difícilmente podría ser así, si tenemos en cuenta que Jesús echó fuera demonios, sus discípulos lo hicieron, Ellen White lo hizo, y consagrados pastores adventistas lo han hecho con éxito. Personalmente soy nieto de un pastor (José Boix) que echó fuera demonios en diversas ocasiones, y en no pocos casos eso resultó en la restauración del endemoniado a una larga vida cristiana, libre de la esclavitud del pecado y de toda manifestación espiritista. Por otra parte, en consistencia con la Escritura, nuestra renuncia a implicarnos en el ministerio en favor de enfermos o endemoniados, lógicamente habría de ir acompañada de una renuncia a implicarnos en la predicación del evangelio, lo que es simplemente inconcebible.

Veamos estas declaraciones:

Por medio de sus siervos, Dios se propone que oigan su voz los enfermos, los desdichados y los poseídos de espíritus malignos. Por medio de sus agentes humanos quiere ser un consolador como nunca lo conoció el mundo (Ministerio de curación, 73).

Se ha de quebrantar cuanto antes el poder tentador de ese demonio. Cuanto más se implique el hermano Davis en la obra de Dios junto a los que están conectados con Dios, menos poder tendrá Satanás sobre él. Pero se debe reprender a Satanás en el nombre de Jesús de Nazaret como en los tiempos de antaño. Debemos pedirle eso al Señor con fe, y él cumplirá su palabra. El Señor oirá la plegaria. La implicación del hermano Davis con los espíritus, su experiencia en la teosofía, es su maldición. Hemos de esforzarnos a fin de que sea librado de la posesión (15 MR, 343.2).

Se presentan ante nosotros almas poseídas por espíritus malignos. Debemos cultivar un espíritu de oración ferviente, unido a una fe genuina para salvarlos de la ruina, y eso confirmará nuestra fe. Dios ha dispuesto que los enfermos, los desafortunados y los poseídos por espíritus malignos oigan su voz a través de nosotros (MS 65B, 1898; en SpM 89.2).

Ojalá que el Señor pueda emplearnos ahora de la forma en que ha dispuesto, y que muy pronto sea bajo la eficacia del derramamiento del Espíritu Santo en la lluvia tardía.

 

Apéndice sobre argumentaciones contrarias al ministerio en favor de los poseídos.

Algunos han intentado desprestigiar el ministerio genuino en favor de los endemoniados basándose principalmente en dos elementos:

1/ Mat 7:22: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Entonces les declararé: ‘Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!’”

Es evidente que una comprensión del texto como esa descalificaría igualmente el ministerio profético.

2/ La reprensión, por parte de Ellen White, de prácticas fanáticas que pretendían ser una manifestación de ese ministerio. Ella se refirió al caso de la familia Mackin, que se identificaba como adventista, trayendo así oprobio a la causa por representar una experiencia espuria. Por ejemplo, pretendían tener también el don profético, así como el don de lenguas (ver 3 Mensajes selectos, 416). Los hechos tuvieron lugar alrededor de 1908. Aparecen algunas citas en 2 Mensajes selectos, 53 y en otros lugares. Las páginas 414 a 432 de Mensajes selectos vol. 3 están dedicadas (todo el capítulo 54: ‘El caso de los hermanos Mackin’) a una exposición de aquel caso. Ahí se aprecia que Ellen White no estaba condenando el ministerio genuino en favor de los endemoniados, sino la deriva fanática y la falsificación de ese ministerio por parte de aquella familia. Por ejemplo:

Querido hermano y hermana: hace poco, en visiones de la noche [10 diciembre 1908] se me presentaron algunos asuntos que debo comunicarles … Ustedes han supuesto que han recibido poder para echar fuera demonios. Por la influencia de ustedes sobre las mentes humanas, hombres y mujeres son inducidos a creer que están poseídos por demonios, y que el Señor los ha señalado a ustedes como sus agentes para arrojar fuera a esos malos espíritus (3 Mensajes selectos, 429)

La que sigue es la misma cita, reproducida en 2 Mensajes selectos, 53:

Anoche se me dio instrucciones para nuestro pueblo … Se me pidió que hablara decididamente contra esta actividad fanática … El hecho de declarar a las personas como poseídas por el demonio, y luego orar por ellas y afirmar que expulsan los malos espíritus, constituye un fanatismo que hará caer en el descrédito a cualquier iglesia que apruebe tal obra (3 Mensajes selectos, 431)

Sería ciertamente desafortunado condenar un ministerio, basándose en el reproche inspirado a una perversión de dicho ministerio.

Satanás se posesiona de las mentes de los hombres en la actualidad. En mi trabajo en la causa de Dios, una vez tras otra me he encontrado con personas posesas, y he reprochado en el nombre del Señor al espíritu maligno (2 Mensajes selectos, 405)

 

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