El Espíritu Santo y la espiritualidad
El Espíritu y la Palabra
Pastor Paul E. Penno

Es emocionante abordar el tema bíblico propuesto para estudio en este nuevo año: El Espíritu Santo y la espiritualidad. La Guía de estudio cubre adecuadamente el papel del Espíritu en la revelación, inspiración e iluminación respecto a la Biblia. Una función vital del Espíritu Santo es la de enseñar, instruir. Preguntamos: ¿Cuál es el papel del Espíritu Santo en la revelación de la verdad actual del evangelio según el mensaje de 1888? ¿Ha recibido la iglesia el verdadero evangelio?, ¿o bien ha dejado de lado la justicia por la fe según la luz singular de la purificación del santuario?

Es importante que comprendamos claramente que la iglesia está enseñando la justicia por la fe, pero se trata de la comprensión popular evangélica sobre la justificación. ¿Restaura Jesús a los damnificados por el pecado, meramente con un perdón legal? ¿Soluciona la creencia en Cristo un problema de auditoría que tienen los pecadores en los registros del cielo? La enseñanza de los evangélicos consiste en que al creer, uno es legalmente justificado y los pecados le son perdonados. Posteriormente y separadamente de lo anterior —a continuación de ese principio en la vida cristiana— irá viniendo la santificación, que nunca resulta completa antes de la segunda venida. La justificación y la santificación quedan de ese modo separadas. ¿Debiera ser la enseñanza adventista sobre la justicia por la fe, esa misma que sostienen los no adventistas? ¿Debiéramos aceptar como regla la comprensión de las iglesias que cayeron al rechazar los mensajes de los tres ángeles y quedaron en las tinieblas espirituales? ¿Cuál es el evangelio que estamos enseñando?

La “lluvia tardía” es lo que fue resistido en 1888 y hasta hoy. Es significativo que en las doce lecciones de la Guía de estudio para este trimestre, que versa sobre sobe el Espíritu Santo, no haya ni una sola dedicada a la “lluvia tardía”. Aquello que la iglesia necesita más que nada y por encima de todo, es poco comprendido o bien ignorado.

Desde la perspectiva de 1888, la lluvia tardía representa el evangelio en su máxima claridad, encuadrado en el contexto del tiempo del fin.

A partir de la Palabra de Dios han de brillar en su pureza nativa grandes verdades que han permanecido sin ser vistas ni oídas desde el día de Pentecostés. A quienes aman verdaderamente a Dios, el Espíritu Santo les revelará verdades que se desdibujaron en la mente, así como verdades que son enteramente nuevas (Fundamentals of Christian Education, 473).

“La verdad del evangelio” es una comprensión de la justificación por la fe que es consistente y paralela con la verdad de la purificación del santuario. El mensaje que dieron Jones y Waggoner fusionaba la justificación y la santificación como un único proceso. Dicho de otro modo: la apreciación del amor de Cristo al justificar legalmente a todo el mundo en la cruz (no imputándole legalmente sus pecados, y dándole así vida y libertad para recibir con provecho el don de la gracia en Cristo para vida eterna, 2 Cor 5:19), se convierte en la gran motivación de la fe para cooperar con el Espíritu Santo en la perfección del carácter cristiano. La justificación conseguida en la cruz en favor de todos los hombres, viene a ser justificación por la fe para aquel que cree, la cual avanza, preparándolo para la segunda venida. Se podría resumir afirmando que la santificación es la justificación en progreso.

La hermana White confirma que en 1888 esa comprensión del evangelio de la “lluvia tardía” fue objeto de rechazo y oposición. Hubo “oposición manifestada en Mineápolis contra el mensaje del Señor expuesto por los hermanos [E.J.] Waggoner y [A.T.] Jones. Suscitando esa oposición, Satanás tuvo éxito en impedir que fluyera hacia nuestros hermanos, en gran medida, el poder especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles. El enemigo les impidió que obtuvieran esa eficiencia que pudiera haber sido suya para llevar la verdad al mundo, tal como los apóstoles la proclamaron después del día de Pentecostés. Fue resistida la luz que ha de alumbrar toda la tierra con su gloria [Apoc. 18:1], y en gran medida ha sido mantenida lejos del mundo por el proceder de nuestros propios hermanos” (1 Mensajes selectos, 276; escrito en 1896, 8 años tras el congreso de Minneapolis).

Necesitamos saber lo que el Espíritu Santo nos quiere enseñar acerca de las buenas nuevas, según la luz de la “lluvia tardía”. La palabra “justificación” o “justicia” significa enderezar lo que está torcido. ¿Cuáles son las buenas noticias que transforman el corazón? ¿Cuál es la buena nueva capaz de vencer la separación y resistencia que tiene el pueblo de Dios hacia Dios? ¿Cuál es nuestro grado de reconciliación —comunión— con el mensaje que el Señor nos envió mediante los pastores Jones y Waggoner?

¿En qué consiste “la lluvia tardía” del Espíritu Santo? Hay ciertos hechos simples y claros que debieran contribuir a que se disipe la perplejidad:

El relato de la “lluvia temprana” (Joel 2:23) será de ayuda para comprender en qué consiste la “lluvia tardía”. Fue en Pentecostés cuando el verdadero pueblo de Dios recibió el derramamiento del auténtico Espíritu Santo. Ahora, dos milenios después, estamos esperando nuevamente el don del Espíritu Santo como complemento de aquella bendición “temprana”.

La “lluvia temprana” fue la luz de la verdad otorgada como un don. Incluía el reconocimiento del hecho de que el profeso pueblo de Dios había rechazado y crucificado al Señor de la gloria. Aquella bendición no se la debe identificar con ruido, sino más bien con luz. Pedro proclamó que aquellos que estaban presentes en su auditorio aquel día, habían crucificado al Mesías, el Hijo de Dios. “‘Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha hecho Señor y Cristo’. Al oír esto, se compungieron de corazón” (Hechos 2:36-37).

La lluvia tardía va a ser un don del Espíritu Santo que traerá la convicción plena y final de pecado, como sólo él puede traerla al corazón humano. Nuestro pecado conlleva la culpabilidad por haber crucificado a Cristo, pero esa es una verdad que todavía no comprendemos con claridad. Cuando el pueblo de Dios comprenda esa realidad, se producirá el mayor arrepentimiento de todos los siglos:

Sobre la casa de David y los habitantes de Jerusalén derramaré un espíritu de gracia y de oración. Mirarán hacia mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por el hijo unigénito, y se afligirán por él como quien se aflige por el primogénito. En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadad-rimón en el valle de Meguido. En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia (Zac 12:10-11 y 13:1).

Esa será la experiencia “final” de reconciliación con Cristo. Es a lo que se refiere la repetida expresión de Ellen White: la “expiación final”.

Lo anterior hará posible un movimiento de avance, un segundo “Pentecostés”, un mensaje que ha de ser proclamado a escala mundial, y que va a hacer que toda la tierra sea alumbrada por su gloria mientras prepara a un pueblo para el regreso de Cristo.

Algunos se preguntan si la lluvia tardía no está descendiendo ya. De acuerdo con lo que leemos en las Escrituras, cuando descienda la lluvia tardía y se la acepte, la obra terminará en aquella generación. Algunos de nuestros dirigentes han venido sosteniendo por más de un siglo que la lluvia está descendiendo y lo ha estado haciendo ininterrumpidamente. Pero la obra no se ha concluido y la mayor parte de quienes sostuvieron esa posición reposan ya en sus tumbas. Grandes cifras de bautismos no constituyen la evidencia de la lluvia tardía (otras denominaciones las tienen, algunas en proporción mucho mayor).

La lluvia tardía prepara la mies para la cosecha. Si bien es cierto que el Señor puede estar obrando de maneras que no podemos reconocer, la lluvia tardía y el fuerte pregón han seguido siendo resistidos y rechazados “en gran medida” desde la época de 1888 (1 Mensajes selectos, 275-276). La pregunta importante es: ¿Va el Señor a renovar el derramamiento de la lluvia tardía en ausencia de arrepentimiento por haberla rechazado cuando él la envió? ¿Enviará acaso a los judíos un nuevo Mesías, siendo que no se arrepienten por haberlo rechazado hace dos mil años? La promesa es esta:

Os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía, como al principio (Joel 2:23).

En la lectura alternativa al margen, según la versión King James de la Biblia, la “lluvia temprana” de Pentecostés se identifica con un “instructor de justicia”. La “lluvia tardía” guarda paralelismo con la “temprana”: será también un mensaje de justicia (Jer 23:6).

Mientras Cristo está en el santuario … en ese tiempo descenderá la ‘lluvia tardía’ o refrigerio de la presencia del Señor para dar poder a la voz fuerte pregón del tercer ángel (Primeros escritos, 85-86).

 

Traducción: www.libros1888.com