Querido amigo y amiga:

En Santiago 1:5 hay uno de los grandes "Si" condicionales de la Biblia. ¿Por qué lo habrá puesto el Señor? "SI alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada".

¿Has conocido a alguien que posea todo el conocimiento y sabiduría que necesita? Se diría que todos carecemos de ella. Hasta el propio rey Salomón, considerado como el más sabio de los mortales, mostró una "falta de sabiduría" tan grande como para caer torpemente en esa horrible "fosa profunda" que "es la boca de la mujer extraña" que él mismo describió en su juventud. "El que provoque la ira de Jehová, caerá en ella" (Prov. 22:14). Aquellas mujeres a las que neciamente entregó sus afectos, provocaron su ruina.

El apóstol Santiago te anima a recibir esta gema de valor incalculable:

(1) Si expulsaste tu arrogancia y reconoces tu carencia de sabiduría, da gracias a Dios por haberte dado esa evidencia de no haber provocado "la ira de Jehová" más allá del punto sin retorno. Recuerda: él puede amarte con el amor más tierno, y al mismo tiempo estar lleno de ira contra tu necedad espiritual. Una buena dosis de percepción de la "ira de Jehová" puede ser una tremenda bendición.

(2) El llamamiento dirigido a "alguno de vosotros" significa que el Señor nos pone a todos nosotros, educados o no, en un mismo nivel ante sí. Esfuérzate hasta la extenuación en procura de una docena de carreras universitarias, y puedes seguir siendo la misma persona con falta de sabiduría, o quizá aún mucho peor. Si nunca tuviste el privilegio de recibir la así llamada educación superior (quedan en el mundo personas así), no desesperes ni te consideres de ninguna forma en desventaja. El libro de Eclesiastés contiene una preciosa historia de un "hombre pobre" que, sin embargo, tuvo la sabiduría suficiente como para salvar toda una ciudad de la conquista inminente de un rey enemigo. Aunque nadie se acordaba de aquel hombre pobre, "vive" aún hoy en la genuina fama del relato bíblico (9:13-15).

(3) Consuélate, tú que te sabes en necesidad de sabiduría: el Señor no te desprecia debido a esa "falta de sabiduría". Al contrario, te la "da... abundantemente y sin reproche". ¡Cuánto gozo contienen sus palabras! No hay ahí reproche alguno, no hay recriminaciones. El Señor te respeta tanto como te ama. Su afecto por ti no es como el que tienes hacia tus animales domésticos. ¡Te honra, aún si no lo mereces! Está procurando constantemente reconstruir tu autoestima.

(4) El Señor procura que tu corazón entone este solo sublime: "Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí y oyó mi clamor, y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios" (Sal. 40:1-3).

No sólo tú, sino que muchos, viendo tu liberación, "temerán, y confiarán en Jehová".

"Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mat. 5:3).

R.J.W.