General Conference Daily Bulletin, 1893
El mensaje del tercer ángel (nº 12)
A.T. Jones


La última noche concluimos que a fin de poseer la justicia de Dios -que es la lluvia tardía, que es la preparación para el fuerte pregón-, es imprescindible que tengamos la mente de Cristo. Sólo así es posible.

Ese es precisamente el consejo que se nos da en las Escrituras: “Haya en vosotros el mismo sentir [mente] que hubo en Cristo Jesús” (Fil. 2:5-8). Según ese pasaje, ¿cuál es el efecto que produce la mente de Cristo? ¿A qué lo llevó a él? -A vaciarse de sí mismo. Cuando su mente esté en nosotros, ¿cuál será el efecto? -El mismo: vaciarnos del yo. El primer pensamiento proporcionado por ese texto es que la mente de Cristo hace que se vacíe de sí mismo aquel que la posee.

Cuando esa mente estuvo en Cristo, se vació de sí mismo. ¿Qué ocurrió entonces? -Dios lo llenó. Cuando esa mente que estuvo en él está en nosotros, haciendo en nosotros lo mismo que hizo en él -vaciarnos del yo-, ¿qué va a ocupar el lugar? –Dios va a llenarnos en Cristo. Entonces Dios -en Cristo- mora en nosotros. Pero eso expulsa al yo fuera del camino.

Para comenzar, ¿cuál es nuestra mente? -La mente del yo. ¿Qué hace esa mente? -Exaltarse. ¿Cuál es la mente con la que hemos de empezar? -La mente natural. El hombre posee una mente natural, y necesita poseer otra mente: la mente que hubo en Cristo. Pero esa mente que hubo en Cristo solamente vacía del yo a la persona en quien mora. Así, puesto que de partida tenemos una mente y necesitamos tener otra, y dado que esa otra mente vacía del yo a aquel en quien mora, ¿no es inevitable deducir que la mente natural que poseemos de partida es una mente del yo?

En el Edén Dios dio al hombre su mente. ¿Puso Dios en él la mente del yo? [Congregación: ‘No’]. ¿Qué mente había en ese hombre? -La mente de Dios. El hermano Haskell nos ha ilustrado sobre la maravillosa sabiduría que había en Adán. Esa sabiduría que provenía de Dios era reflejada en la vida de Adán. Su mente, sus ideas, su esquema de pensamiento, reflejaban al Hacedor. Cuando Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen”, se refería a mucho más que la mera forma. Significa que si vosotros y yo hubiéramos podido conocer a Adán y Eva tal como salieron de la mano de Dios, habríamos visto reflejada la imagen de Dios, e inmediatamente habríamos pensado en Alguien detrás de ellos, en Alguien muy anterior y en mucho superior a ellos: en Dios.

Pero no permanecieron como Dios los había hecho. Dios les había hablado ciertas palabras, las palabras de él, la expresión de su mente, su pensamiento concerniente a ellos. Si hubiesen recibido esas palabras, si hubiesen retenido esas palabras y los pensamientos de Dios en esas palabras, ¿la mente de quién habrían retenido? -La de Dios. Cuando Satanás vino y les dijo otras palabras expresando sus pensamientos y el producto de su mente, y ellos lo aceptaron y cedieron, ¿qué pensamientos recibieron?, ¿qué mente recibieron? [Congregación: ‘La de Satanás’].

No tenemos por qué ir hasta las profundidades de la experiencia de Satanás. Bien sabemos lo que causó su caída. ¿Qué fue? -El orgullo. Pero el yo está en la raíz del orgullo, está en la raíz de cualquier mal. Sólo el yo produce el fruto del orgullo. Satanás se miró a sí mismo antes de enorgullecerse de sí mismo. Si hubiese mirado al rostro de Aquel que se sienta en el trono, nunca se habría vuelto orgulloso. Habría reflejado la imagen del que se sienta en el trono, de igual forma en que esa imagen se manifiesta en Jesucristo. Pero cuando desvió su mirada del rostro del que se sienta en el trono y la volvió hacia sí mismo, fue entonces cuando se sintió orgulloso de sí mismo, fue entonces cuando consideró su hermosura y su corazón se exaltó debido a su belleza, comenzando a darse crédito por lo que él era. Lo que él era procedía de Dios. Pero Lucifer se atribuyó a sí mismo el crédito por todo lo que era. ¿Acaso en ello no se consideró como si existiese por sí mismo, poniéndose de hecho en el lugar de Dios? Pero procedió del yo, que es el resumen de todo lo que importa. Dijo: ‘Seré como Dios. Seré semejante al Altísimo’. Ocuparía el lugar de Cristo, y todo el que ocupa el lugar de Cristo se coloca en el lugar de Dios, porque Dios está en Cristo.

Siendo eso así, siendo esa la mente de Satanás, cuando vino a nuestros primeros padres y ellos recibieron esa mente, ¿de qué mente se trataba? -De la mente del yo, puesto que es la mente de Satanás, quien encarna al yo. Y les presentó la misma ambición que presentó ante sí mismo y que le hizo ser lo que es: “No moriréis. Sino que Dios sabe que el día que comáis de él serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal. Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos y codiciable para alcanzar sabiduría...” Codiciable, ¿para qué? -Para alcanzar sabiduría. Para alcanzar sabiduría ¿cómo quién? -Como Dios. “Seréis como Dios”, sabiendo más de lo que ahora sabéis, conociendo tales y tales cosas. Oh sí, ese árbol es deseable para proporcionarme ese conocimiento, esa sabiduría; y ese árbol es el canal mediante el cual puedo alcanzar ese objetivo de ser como Dios. Así, ¿cuál es la mente que hay en nosotros? [Congregación: ‘El yo’]. La mente natural es la mente de Satanás, la del yo.

El Señor no los abandonó. De haberlo hecho, nunca habría podido haber en la mente de ningún ser humano en este mundo otro impulso distinto al de Satanás mismo, ya que la mente natural es toda ella del yo y de Satanás. Pero Dios dijo: ‘Desharé eso’. “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y su descendencia” (Gén. 3:15). Dios puso allí la enemistad, el odio contra el poder de Satanás, el aborrecimiento hacia las cosas que caracterizan esa mente. Dios ha implantado allí esa enemistad, y esa es la fuente de todo impulso hacia el bien, hacia la rectitud, o hacia cualquier cosa noble que exista en la mente de hombre alguno en este mundo.

Pero cuando Dios implanta allí ese odio al mal, pone asimismo el deseo de algo superior al mal que aborrecemos. ¿Qué es ese algo mejor? ¿Cuál es el objeto de ese deseo? [Congregación: ‘Jesucristo’]. Jesucristo y su presencia, la mente de Dios, vuelve al lugar del que fue desalojado. La imagen de Dios vuelve al lugar del que fue borrada por ese engaño de Satanás. Cristo es la imagen de Dios, la imagen expresa de su persona, y cuando recibimos a Jesucristo en su plenitud, la imagen de Dios retorna al lugar que le corresponde. Por lo tanto, cuando Dios implanta esa enemistad, devuelve a la voluntad su libertad de elección, de forma que el hombre puede elegir esa otra mente. Se trata de la Luz que alumbra a todo hombre que viene a este mudo. Si el hombre sigue esa luz, encontrará a Jesucristo, tal como hizo Abraham, Cornelio y cualquiera que haya seguido ese rayo de Luz. Así, él es el Deseado de todas las gentes (Hageo 2:7). Se trata de Cristo.

El que encuentra ese odio al mal, ese deseo de algo mejor, ese deseo de hacer el bien, ¿está ya haciendo el bien? [Congregación: ‘No’]. ¿Es capaz de efectuar el bien al que es impulsado? [Congregación: ‘No’]. Leamos en Romanos lo que sucede. Romanos 3:10: “No hay justo, ni aún uno”. Y el versículo 12: “Todos se desviaron, se echaron a perder. No hay quien haga lo bueno, no hay ni aún uno”. ¿Es eso cierto? [Congregación: ‘Sí’]. Entonces, ¿cómo podemos hablar de un pagano haciendo el bien? ¿Hace el bien? “No hay quien haga lo bueno, no hay ni aún uno”. [Una voz: ‘Si un hombre tiene a Cristo, puede hacer el bien’]. Pero si tiene a Cristo ya no es pagano: estamos hablando de paganos.

No, incluso eso es innecesario. No necesitamos ir a los paganos a inquirir. Nos basta con ir a los judíos. Aquí hay uno que fue judío, [creyente] como vosotros y yo. Rom. 7:14: “Sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido al pecado”. La mente carnal es la mente natural. ¿Qué mente es esa? La de Satanás, la del yo. Bien, leamos más: “Lo que hago, no lo entiendo, pues no hago lo que quiero, sino lo que detesto, eso hago”. ¿Qué es eso que hace, aún detestándolo? ¿El bien? -No. Es el mal; la injusticia.

¿Qué es lo que quiere hacer? [Congregación: ‘El bien’]. ¿Qué es lo que en realidad hace? [Congregación: ‘El mal’]. ¿Qué es lo que detesta? -El pecado. Detesta el mal, el error, la iniquidad. Pero, ¿qué es lo que hace? -El mal; lo incorrecto.

Así, ¿cuánto bien es capaz de realizar el hombre natural? -Ninguno. Aunque odia el mal, ¿cuánto bien hace? -Ninguno. Desearía hacerlo, pero ¿cuánto, del bien que desea, logra hacer? -Ninguno. ¿Es así? [Congregación: ‘Así es’]. Así lo declara la Biblia. Entonces, ¿qué sentido tiene que alguien hable de un pagano haciendo el bien, o del judío haciendo el bien, o de cualquier hombre que tenga sólo la mente natural, y que por lo tanto es un hombre natural? ¿Podrá hacer el bien? No estamos hablando aquí de lo que el hombre conoce. Tampoco de si tiene o no impulsos hacia el bien. No es esa la cuestión. Sintió esos impulsos todo el tiempo, ¿no es así? Tuvo el conocimiento del bien, en la medida en que aborreció las cosas malas que hacía.

Ahora pensad en esto. Aquí está el hombre natural: un hombre como vosotros y yo, y como cualquier otro que haya nacido en este mundo. Tenía impulsos hacia el bien, tenía el conocimiento del bien, aborrecía el mal, pero ¿qué es lo que hacía? No se trata de qué es lo que pensaba, ni de qué es lo que conocía, sino: ¿Qué es lo que hacía? -El mal. ¿Hacía alguna otra cosa que no fuese el mal? -No. Sabía que había algo mejor, ¿no es así? [Congregación: ‘Sí’]. Pues bien: no intentemos hacer pasar nuestro buen saber como si fuese buen hacer. No confundamos lo que conocemos con lo que hacemos. Conocer lo recto no es lo mismo que obrar rectamente. Así pues, no hacía ningún bien. ¿De quién se trata? -De vosotros y de mí, del hombre natural. ¿Soy yo? -Sin la mente de Cristo, ¿soy yo? -Sí. Por lo tanto, aunque profese creer en Cristo, si no tengo la mente de Cristo, ¿soy yo? -Sí. ¿Sois vosotros? [Congregación: ‘Sí’]. Bien, entonces avancemos juntos.

“Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello”. Dije que no lo quería hacer. Dije que lo detestaba, y aseguré que nunca volvería a hacerlo. Pero lo hice. Así, cuando lo detesté y decidí y volví a decidir que nunca más lo haría, pero sin embargo lo hice, ¿qué me estaba sucediendo? -Que tenía el conocimiento, pero no el poder. El evangelio de Cristo, “que es Cristo en vosotros” (Col. 1:27), es poder. Es el poder de Dios para salvación de todo aquel que cree (Rom. 1:16).

Resulta, pues, que el hombre natural no es libre. ¿Os parece que lo es? [Congregación: ‘No’]. No está en la condición de poder hacer aquello que querría, incluso según el intelecto entenebrecido que posee. No puede vivir ni siquiera a la altura de su propia norma. Pero eso que él quisiera hacer, tal como él lo ve, ¿es eso lo que Dios quiere que él haga? [Congregación: ‘No’]. ¿Y de la forma en que Dios quiere que lo haga? [Congregación: ‘No’]. ¿Cuál es la práctica del bien que hemos de tener? [Congregación: ‘La de Dios’]. Sí, puesto que es la justicia de Dios la que hemos de tener, y la justicia es la práctica del bien. Incluso con la luz que Dios ha hecho brillar en nuestros corazones, nuestra comprensión es extremadamente lenta. Por lo tanto, ¿dónde está la práctica del bien de cualquier hombre en este mundo, que no tenga la mente de Cristo?

“Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no habita el bien, porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo”. ¿Qué es lo que está en nosotros? -El querer hacer el bien. ¿Qué fue, pues, lo que logró la implantación de esa enemistad contra Satanás? ¿No es acaso poner al hombre en libertad para elegir? -Sí. ¿Fue algo más que eso? [Congregación: ‘No’]. Pensad detenidamente en esto, en este punto. Por supuesto, hay otras cosas más, pero, ¿logró eso capacitar al hombre para hacer lo correcto y glorificar a Dios, logró algo más que no fuera devolverle la libertad para que pudiera elegir a qué amo serviría? [Congregación: ‘No’]. Puso allí la enemistad, y le dio el conocimiento de algo mejor. Proporciona el odio al mal, lo guía hacia lo bueno, pero ¿lo capacita para hacer lo bueno? [Congregación: ‘No’].

Ahora otro pensamiento. Odia el mal y declara que no volverá a hacerlo, sin embargo en contra de su voluntad, y de todo cuanto se propone, lo practica. Entonces, ¿qué es y quién es el que lo comete realmente? [Congregación: ‘El pecado que mora en mí’]. ¿Quién es el que rige? [Congregación: ‘Satanás’]. ¿Quién es el amo de ese hombre? [Congregación: ‘Satanás’].

Cuando el hombre es liberado de esa mente carnal, de esa mente del yo y de Satanás, ¿quién controla su mente? ¿Quién es ahora su amo? [Congregación: ‘Cristo’]. -Sí. Él es quien lo libera. Es Cristo Jesús. Cuando somos liberados de la servidumbre a Satanás, somos hechos siervos de otro Amo. La servidumbre a Satanás es esclavitud y ruina. La servidumbre a Cristo es libertad y vida eterna, alegría eterna y prosperidad eterna.

Avancemos algo más en ese pensamiento. Cuando teníamos la mente de Satanás y él era el amo, decíamos que no haríamos esas cosas malas, pero es precisamente lo que hacíamos. ¿Quién obraba? [Congregación: ‘El pecado que mora en mí’]. Decíamos que haríamos este y aquel bien, pero no lo llegábamos a hacer. ¿Quién lo impedía? [Congregación: ‘Satanás’]. Pero ahora, en Cristo, estamos libres de él: tenemos la otra mente. Decimos que haremos esto. ¿Quién lo efectúa? [Congregación: ‘Cristo’]. Cuando estábamos en nuestra mente natural y no queríamos hacer el mal, Satanás lo hacía en nosotros; cuando tenemos la mente de Cristo y decidimos hacer el bien, ¿quién lo efectúa? [Congregación: ‘Cristo’]. Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad (Fil. 2:13).

Volveremos en otra ocasión al tema en mayor amplitud, pero ahora quisiera exponer el pensamiento ante vosotros.

“No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que está en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí, pues según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” ¿Cuál es la condición del hombre que tiene sólo la mente natural? [Congregación: ‘Miserable’]. -Sí, y en cautividad. Cuanto mayor sea el odio al mal, más miserable su condición, ya que no existe liberación de ese estado en cualquier cosa que el hombre pueda hacer por sí mismo. ¿Quién librará? “¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro!” “Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”.

Ahora Romanos 8:6 y 7: “La intención de la carne es muerte”. ¿Cuál es la condición de ese hombre que posee solamente la mente natural? [Congregación: ‘La muerte’]. “Mas la intención del espíritu, vida y paz”. ¿Es que la mente carnal -la mente natural- está en enemistad contra Dios? [Congregación: ‘No. Es enemistad contra Dios]. No es sólo que esté enemistada contra Dios, sino que es en ella misma enemistad. “La intención de la carne es enemistad contra Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios”... ¿hasta que el hombre se convierte? [Congregación: ‘Ni tampoco puede’]. ¿No puede? ¿No puede Dios sujetar esa mente carnal a su ley? [Congregación: ‘No’]. ¿No puede Dios sujetar esa mente natural que está en mí y en vosotros a su ley? [Congregación: ‘No’]. ¿Qué es esa mente? -Es enemistad contra Dios. ¿No puede Dios hacer que eso que es enemistad contra él se convierta en amor hacia él? [Congregación: ‘No’].

Ese es el punto importante: si estuviera enemistada, entonces cabría la reconciliación, ya que se podría identificar el elemento causante de la enemistad. Una vez eliminado, se podría reconciliar lo que había estado enemistado. Nosotros estamos enemistados, estamos en enemistad. Cuando Dios quita la enemistad, quedamos reconciliados. Pero en este asunto de la mente carnal, no se trata de que haya algo interpuesto: es la mente misma lo que es enemistad. Esa es la raíz.

Así, no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede. Lo único que cabe hacer con ella es destruirla, desarraigarla, barrerla, aniquilarla. ¿De quién es esa mente? [Congregación: ‘De Satanás’]. Es la mente del yo, y eso proviene de Satanás. Así, ¿qué puede hacer un hombre, en lo relativo a la justicia? ¿Qué se puede hacer en él, incluso en el terreno de la justicia, mientras esa otra mente no esté allí? [Congregación: ‘Nada’].

Pues bien, esa es la mente que posee toda la raza humana. Veamos ahora cómo esa mente carnal -ese hombre natural- opera en lo relativo a la justicia, o justificación.

En Romanos 1:20-22, leemos esto: “Lo invisible de él, su eterno poder y su deidad, se hace claramente visible desde la creación del mundo y se puede discernir por medio de las cosas hechas. Por lo tanto, no tienen excusa, ya que, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias. Al contrario, se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Pretendiendo ser sabios, se hicieron necios”. ¿Quién fue el primer habitante de este mundo que profesó seguir la sabiduría según el impulso del yo, por sugerencia de Satanás? -Eva. Fue la primera en procurar un tipo de sabiduría como ese. ¿Qué obtuvo con ello? [Congregación: ‘Necedad’]. Y todos estamos allí. ¿Quién dirige la mente natural? -Satanás. ¿Quién opera en ella? -Satanás. Entonces, cuando aquellos de los que habla aquí Pablo se apartaron de Dios, “y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes de hombres corruptibles, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles”, lo que hicieron fue establecer el paganismo.

En el capítulo XV de ‘Declive y caída del Imperio Romano’, de Gibbon, leo (párrafo 17):

“En su elevada búsqueda, su razón fue frecuentemente guiada por su imaginación, y su imaginación motivada por su vanidad”.

Observad eso. La “razón” ¿de qué tipo de mente? [Congregación: ‘De la mente carnal’]. Guiados por la imaginación ¿de qué tipo de mente? [Congregación: ‘De la mente carnal’]. Y su imaginación motivada ¿por qué tipo de mente?  [Congregación: ‘La mente carnal’]. ¿Acaso no es esa exactamente la mente de Satanás? La vanidad fue la raíz de su búsqueda, y el yo la raíz de la vanidad. El que sigue es uno de los mejores comentarios que podréis encontrar sobre ese texto de la Biblia:

“Percibieron complacidos las dimensiones de sus poderes mentales... ejercieron las diversas facultades de la memoria, la fantasía y el juicio según las más profundas especulaciones, o las ocupaciones más importantes, reflejándolas en el deseo de fama, lo que los transportó a las edades futuras, mucho más allá de los límites impuestos por la muerte y el sepulcro; no estuvieron dispuestos a confundirse con las bestias del campo, o a suponer que un ser hacia cuya dignidad profesaban la más sincera admiración pudiera no ser más que una diminuta mancha sobre la tierra, de unos pocos años de duración”

¿Qué es lo anterior, sino una descripción de la carrera que emprendió Satanás? Su imaginación motivó a su raciocinio, y su vanidad motivó a su imaginación. Vio con complacencia las dimensiones de los poderes de su propia mente. Su deseo de fama eclipsó a su anterior búsqueda de la gloria de Dios, y no estuvo dispuesto a aceptar que un ser [él mismo] hacia cuya dignidad cultivaba tan sincera admiración, pudiera ser confinado y subordinarse a un lugar en el universo de Dios. ¿No es esa una descripción exacta de la raza humana en su paganismo, según la pluma de un filósofo, según el punto de vista meramente del hombre? ¿Podéis imaginar una descripción más clara del proceder de Satanás en su curso original?

Seguimos:

“Animado por esa favorable impresión, convocó en su ayuda a la ciencia, o más bien al lenguaje de la metafísica. Descubrieron pronto que, puesto que ninguna de las propiedades de la materia se aplicaba a las operaciones de la mente, el alma humana debía en consecuencia ser una sustancia distinta del cuerpo, algo puro, simple y espiritual, no sujeto a la disolución, susceptible de un grado mucho mayor de virtud y felicidad tras haberse liberado de su prisión corporal. A partir de esos sofisticados y nobles principios, los filósofos que andaban en las huellas de Platón dedujeron una conclusión muy injustificada, puesto que aseveraron, no sólo la futura inmortalidad, sino la eternidad pretérita del alma humana, que estuvieron prestos a considerar como una porción del espíritu infinito que existe por sí mismo, el cual impregna y sustenta el universo

¿Qué es eso, sino la mente de Satanás? Existir por él mismo, como Dios. Ser igual a Dios. ¿Qué es eso, sino la acción en el hombre de esa misma mente que desarrolló Lucifer en el cielo, al codiciar la igualdad con Dios? Tal es la mente natural. Es el tipo de mente que es natural en todo ser humano en el mundo. Y es la mente de Satanás. Se trata de la operación de esa mente natural en abierto y desafiante paganismo. Por lo tanto, ¿no están todos necesitados de otra mente, la mente de Cristo, que lejos de ambicionar la igualdad con Dios, se caracteriza por la abnegación, por el vaciarse de uno mismo? Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo (Fil. 2:5-8).

Hemos examinado la idea pagana en su realidad y crudeza. Analicemos ahora eso mismo, tal como se lo presenta ante el mundo bajo el disfraz de “justificación por la fe”. Y es así como se manifiesta en el papado, dado que el papado es la encarnación misma de Satanás y su mente del yo. “Se opondrá y exaltará contra todo lo que se llama Dios, o que se adora” (2 Tes. 2:4). Y todo ello bajo el nombre y la forma del cristianismo, a modo de falsificación de la verdad.

Tengo un libro titulado ‘Creencia católica’. Lleva el sello: John Cardinal Mc Closkey, arzobispo de Nueva York, y Henricus Eduardus, Card. Archiep. Westmonastery. Lo ha escrito el “muy reverendo Joseph Faà di Bruno, D.D.”, rector general de la Sociedad Pía de las Misiones, Iglesia de Ssmo Salvatore en Onda, Ponte Sisto, Roma, y La Iglesia Italiana de San Pedro, Hatton Garden, Londres E.C; Editado por el reverendo Louis A. Lambert, autor de “Notes on Igersoll”, etc. Llega con la aprobación de la Jerarquía en este país.

Leeré algunos párrafos de él. Y, a fin de que podáis tener ambas cosas: la verdadera justificación por la fe, y la falsificación de la misma -una al lado de la otra- leeré también lo que Dios dice en ‘El Camino a Cristo’. También está en los Testimonios, y en toda la Biblia. Quiero que conozcáis cuál es la idea Católica Romana sobre la justificación por la fe, ya que he tenido que hacerle frente entre profesos Adventistas del Séptimo Día en los pasados cuatro años. Esas cosas, esas mismas expresiones que contiene el libro católico que os traigo acerca de la justificación por la fe y de cómo obtenerla, son las mismas expresiones que profesos Adventistas del Séptimo Día me han manifestado, como siendo justificación por la fe.

Quiero saber cómo podemos vosotros y yo llevar un mensaje a este mundo, advirtiéndole contra la adoración de la bestia, mientras que abrazamos en nuestra propia profesión las doctrinas de la bestia. ¿Será eso posible? [Congregación: ‘No’]. Así, llamo esta noche vuestra atención a fin de que podáis verlo tal cual es. Y de ese modo, viendo de qué se trata, viendo que es papal, que es de la bestia, lo desechéis totalmente, incluso si no estáis preparados para creer en la justificación por la fe; incluso aunque no podáis verla, tal como sucede a algunos, de la forma en que Dios la da. Si queda demostrado que es papal, espero que aquellos que la han sostenido o expresado de algún modo, estén dispuestos a desecharla. Leo en la página 74 del libro:

“En el caso de las personas mayores, se requieren ciertas disposiciones de parte del pecador a fin de que esté preparado para obtener esa gracia habitual y permanente de la justificación”

‘Se ha de preparar a sí mismo para ello. Tiene que hacer algo a fin de estar preparado para recibirla’. Tras leer las declaraciones de ese libro, leeré también las opuestas. Así, leo ahora en la página 31 de ‘El Camino a Cristo’:

“Si percibís vuestra condición pecaminosa, no aguardéis hasta haceros mejores a vosotros mismos. ¡Cuántos hay que piensan que no son bastante buenos para ir a Cristo! ¿Esperáis haceros mejores por vuestros propios esfuerzos?... Únicamente en Dios hay ayuda para nosotros. No debemos permanecer en espera de persuasiones más fuertes, de mejores oportunidades, o de tener un carácter más santo. Nada podemos hacer por nosotros mismos. Debemos ir a Cristo tales como somos”. [“Id a él con vuestra alma manchada tal cual está”, p. 34]. También Romanos 4:5.

Eso es justificación por la fe. Lo precedente era justificación por las obras. Esto es de Cristo; aquello del diablo. Una es la doctrina de Cristo sobre la justificación por la fe, la otra es la del diablo. Y es tiempo de que los Adventistas del Séptimo Día lo comprendan [Congregación: ‘Amén’].

Del libro católico:

“Un hombre puede disponerse a sí mismo, sólo mediante la ayuda de la gracia divina, y las disposiciones que muestra no efectúan ni merecen de ningún modo la justificación: sirven sólo para prepararlo para ella”

Es como decir: ‘No. No creo en la justificación por las obras; pero hemos de hacer algo a fin de estar preparados para la justificación. Hemos de mostrar nuestras buenas intenciones. Hemos de tomar ciertas resoluciones saludables antes de comenzar, nos hemos de preparar para la justificación...’

¿Qué dice Dios? Leo en la página 35 y 36 de ‘El Camino a Cristo’:

“Por su tierno amor [Dios] está atrayendo a sí los corazones de sus hijos errantes. Ningún padre según la carne podría ser tan paciente con las faltas y los yerros de sus hijos, como lo es Dios con aquellos a quienes trata de salvar”

¿Cuál es su actividad? “Trata de salvar”: ese es el camino de Dios. ‘¡Oh, no!, espera hasta que el hombre se prepara a sí mismo para ser salvo’: ese es el camino de Satanás.

 Sigo leyendo en ‘El Camino a Cristo’:

“Nadie podría argüir más tiernamente con el pecador. Jamás enunciaron los labios humanos invitaciones más tiernas que las dirigidas por él al extraviado. Todas sus promesas, sus amonestaciones, no son sino la expresión de su amor inefable. Cuando Satanás acude a decirte que eres un gran pecador, alza los ojos a tu Redentor y habla de sus méritos. Lo que te ayudará será mirar su luz. Reconoce tu pecado, pero di al enemigo que ‘Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores’ (1 Tim. 1:15), y que puedes ser salvo por su incomparable amor”.  También Juan 3:16.

Eso es justificación por la fe. Aquello, justificación por las obras. Esto es de Jesucristo. Aquello de Satanás.

En este libro católico sigue a continuación una serie de cosas que uno debe hacer, a fin de tener esas disposiciones: “Un acto de fe..., un acto de temor de Dios..., un acto de esperanza..., un acto de arrepentimiento..., una resolución de aproximarse al sacramento de la penitencia”.

‘Esas son cosas que preparan a uno para ser justificado, a fin de ser salvo’... Leo en la página 76 del mismo libro:

“Estamos en continua necesidad de las gracias actuales a fin de efectuar buenas acciones, tanto antes como después de haber sido justificados”

Es, pues, necesario efectuar buenas acciones antes de ser justificados, a fin de estar preparados para esa justificación.

“Las buenas acciones, no obstante, efectuadas con ayuda de la gracia antes de la justificación, no son en sentido estricto meritorias, pero sirven para allanar el camino a la justificación, para mover a Dios”

Sirven “para mover a Dios”. Precisamente el espíritu duro e implacable que el diablo aseveró que caracterizaba al Señor cuando se rebeló contra él, aduciendo que Dios era un tirano, que Dios no quiere que sus criaturas sean libres, que él permanece indiferente, y quiere que todo se haga a su antojo, sin razón, sin juicio, libertad, ni ninguna cosa parecida. Es necesario que sus criaturas lo “muevan”. Esa es la doctrina que Satanás ha introducido en la idea de sacrificio desde entonces hasta hoy. Dios instituyó sacrificios para mostrar lo que Dios está dispuesto a hacer a favor del hombre: que Dios hace un sacrificio por él. Pero Satanás lo tergiversó, y según él, el hombre ha de efectuar sacrificios a fin poner a Dios de buen humor; Dios está airado contra él y deseoso de castigarlo, y hemos de recurrir al sacrificio para apaciguarlo, de forma que no nos hiera. Hemos de “moverlo” a justificarnos.

Veamos lo que el Señor nos dice al respecto, en ‘El Camino a Cristo’, páginas 53 y 54. Refiriéndose a la parábola del hijo pródigo, y a cómo, estando aún lejos, el padre tuvo compasión de él y corrió a abrazarlo, dice:

“Mas ni aun esta parábola tan conmovedora alcanza a expresar la compasión de nuestro Padre celestial. El Señor declara por su profeta: ‘Con amor eterno te he amado, por tanto te he extendido mi misericordia’ (Jer. 31:3). Mientras el pecador está todavía lejos de la casa de su Padre desperdiciando su hacienda en un país extranjero, el corazón del Padre se compadece de él; y todo anhelo de volver a Dios que se despierte en su alma no es sino una tierna súplica del Espíritu, que insta, ruega y atrae al extraviado al seno amorosísimo de su Padre.

Teniendo tan preciosas promesas bíblicas delante de vosotros, ¿podéis dar lugar a la duda? ¿Podéis creer que cuando el pobre pecador desea volver y abandonar sus pecados, el Señor le impide con severidad que venga arrepentido a sus pies? ¡Desechad tales pensamientos! Nada puede perjudicar más a vuestra propia alma que tener tal concepto de vuestro Padre celestial”

¿Quién procura perjudicar nuestras almas? [Congregación: ‘Satanás’]. ¿Qué podría herir más al alma, que lo expresado en ese libro acerca de la necesidad de que nos dispongamos de cierta manera, que pongamos nuestra mente en una determinada situación, que tomemos buenas resoluciones y hagamos cosas a fin de “mover” a Dios a que se apiade de nosotros y nos salve? ¿Qué podría herir más el alma, que pensar que Dios rechaza al pecador hasta que la pobre alma perdida hace algo para moverlo? ¿Qué creencia podría ser más dañina que esa? El Señor responde: “Nada puede perjudicar más a vuestra propia alma que tener tal concepto de vuestro Padre celestial”. Por lo tanto, ¿de dónde puede únicamente proceder esa doctrina? [Congregación: ‘De Satanás’]. Sin embargo, ¡eso se hace pasar como justificación por la fe! No hay ahí fe alguna. Desechadlo, dice el Señor, y que todos puedan decir ‘Amén’.

Leo de ‘Creencia católica’:

“Pero si, con la asistencia de la gracia actual, la persona que está en un estado de gracia justificadora hace buenas obras, son aceptables a Dios, y merece un incremento en la gracia en la tierra, y de la gloria en el cielo”

¿Qué dice el Señor? ‘El Camino a Cristo’, página 57. El capítulo se titula ‘La prueba del discipulado’ [en español, ‘Cómo lograr una magnífica renovación’]. Está hablando a los que son discípulos, a los mismos a los que se refería el otro libro. ¿Qué dice?

“Si bien no podemos hacer cosa alguna para cambiar nuestro corazón, ni para ponernos en armonía con Dios; si bien no debemos confiar para nada en nosotros mismos ni en nuestras buenas obras, nuestra vida demostrará si la gracia de Dios mora en nosotros”

Veis entonces que cuando Dios está allí, se da a conocer a sí mismo por medio nuestro. Pero según la idea de Satanás, cuando hemos logrado que el Señor se convierta [de su intransigencia], hacemos alguna buena obra que “merece”, que es meritoria, y entonces podemos estar salvos en este mundo, gozando aquí de un incremento en la gracia, y de la gloria en el cielo. Ese es el fundamento mismo de los méritos de los “santos”, de donde el papa deriva la concesión de indulgencias para beneficio de quienes no tienen por ellos mismos méritos en cantidad suficiente.

Todo esto que he leído del libro católico, está en un capítulo sobre la justificación: ‘Predicación de la doctrina verdadera sobre la justificación’. Aquí –en la página 365-, analiza la doctrina de la justificación por la fe tal como la creen los Protestantes, para condenarla. Veamos, hermanos, si seremos Protestantes o Católicos; si hemos de ser cristianos o papistas; si creemos en Cristo, o en Satanás. Eso es lo que necesitamos ahora comprender, y saber que lo comprendemos antes de comenzar a dar el mensaje del tercer ángel. Leo:

“De igual modo que en las revoluciones los líderes procuran ganarse a la gente mediante el señuelo de una prometida independencia, con ocasión de la así llamada Reforma –que fue una revolución contra la autoridad y orden de la iglesia en religión-, es evidente que fue el objetivo de los reformadores el seducir al pueblo con el pretexto de hacerlos independientes de los sacerdotes, en cuyas manos colocó nuestro Salvador la administración de los siete sacramentos de perdón y de gracia”

“Comenzaron, pues, por descartar cinco de esos sacramentos, incluyendo el de la ordenación, según el cual son ordenados los sacerdotes, y el sacramento de la penitencia, en el que se otorga el perdón de los pecados al penitente... Redujeron entonces evidentemente a un mero asunto de forma los dos sacramentos que profesaron retener, que son el santo bautismo y la santa eucaristía. A fin de lograr ese rechazo, y para capacitar a cada individuo a prescribir para sí mismo, y procurar por sí mismo el perdón de los pecados y la gracia divina, independientemente de los sacerdotes...”

¿Es esa doctrina verdadera? ¿Es cierto que el humano puede acudir a Dios por sí mismo, independientemente de los sacerdotes? [Congregación: ‘Sí’]. ¿Qué dice el Señor? ‘El Camino a Cristo’, página 101:

“Las relaciones entre Dios y cada una de las almas son tan claras y plenas como si no hubiese otra alma por la cual hubiera dado a su Hijo amado”

Gracias al Señor. Vuelvo a leer del libro católico:

“Independientemente de los sacerdotes y de los sacramentos, inventaron un medio exclusivo, nunca antes visto en la Iglesia de Dios, y rechazado hasta hoy por todas las iglesias de Oriente y por los Católico-Romanos en el todo el mundo, según el cual los seguidores de Lutero se aventuraron a declarar que cada individuo puede asegurarse el perdón y la justificación, independientemente de los sacerdotes y de los sacramentos.

Dieron forma a un nuevo dogma, que es imposible encontrar en ninguno de los credos, cánones o concilios generales; me refiero al nuevo dogma de la justificación por la sola fe”

Ese es el “nuevo dogma” que el papado condena: no figura en ninguno de sus credos. Sigo leyendo en la página 366:

“Al añadir la palabra ‘sola’, los Protestantes profesan excluir todas las obras exteriores, ceremoniales, pías, las obras caritativas, las de obediencia o de penitencia, y cualquier acto moral, como medio para aprehender la justificación, o como condición para obtenerla”

‘Oh, sí: has de hacer algo para pavimentar el camino, algo para salir de esa situación en la que estás, a fin de poder ser justificado. Te has de elevar por ti mismo parcialmente, y entonces el Señor resultará movido y te recibirá y justificará’. Tal es la doctrina de Satanás. ¿Seremos Protestantes, o Católicos? Esa es la pregunta. [Congregación: ‘Protestantes’]. ¿Proclamaremos el mensaje del tercer ángel, que advierte contra la adoración de la bestia y su imagen? ¿O seremos nosotros mismos una parte de la bestia y su imagen? Esa es la cuestión. Porque la imagen de la bestia es la bestia en ese punto, como en cualquier otro, por más que profese ser Protestante. En la página 367 del libro católico, leo lo siguiente:

“Hacer todas esas obras con la finalidad de ser justificado es, dicen, como dar una moneda a la reina para obtener de ella un favor real”

¿Qué dice el Señor? Página 50 de ‘El Camino a Cristo’:

“Esta es la lección que el Señor Jesús enseñó mientras estuvo en la tierra. Debemos creer que recibimos el don que Dios nos promete, y lo poseemos

¿Cuál de esas dos declaraciones es cristiana? [Congregación: ‘La segunda’]. Pero la Iglesia Católica dice que eso es Protestantismo. Y es cierto. ¡Alabado sea el Señor!

Leo más del libro católico:

“Ven tal como eres, añaden; es imposible que resultes demasiado malo para Jesús”

Gracias a Dios porque esa no sea la doctrina católica. Gracias a él porque no forma parte de la bestia o su adoración, ni de la imagen de ella. Reunámoslas. ¿Qué dice el Señor? Página 31 de ‘El Camino a Cristo’:

“No podemos hacer nada por nosotros mismos. Debemos ir a Cristo tales como somos”

Ahora en la página 52:

“El Señor Jesús se complace en que vayamos a él como somos: pecaminosos”

¿Qué significa “pecaminosos”? [Congregación: ‘Llenos de pecado’]. ¿Se complace Jesús en que vayamos a él tal como somos, llenos de pecado? [Congregación: ‘Sí’]. Seamos cristianos, seamos protestantes. Tengamos el mensaje del tercer ángel, que es el evangelio de Jesucristo.

“El Señor Jesús se complace en que vayamos a él como somos: pecaminosos, sin fuerza, necesitados. Podemos ir con toda nuestra debilidad, insensatez y maldad, y caer arrepentidos a sus pies. Es su gloria estrecharnos en los brazos de su amor, vendar nuestras heridas y limpiarnos de toda impureza... Nadie es tan pecador que no pueda hallar fuerza, pureza y justicia en Jesús, quien murió por todos”

Ese es el don de Dios. Es su don gratuito, sin dinero, sin precio, y lo tomo gozoso, y le agradezco eternamente por ello. Esa es la justificación por la fe según el Señor. La idea opuesta es de Satanás. Leamos más del libro católico:

“Mediante la sola fe en su promesa, aseveran ellos [los Protestantes] que puedes y debes aceptar los méritos de Cristo, abrazar la redención de Cristo y su justicia; apropiarte personalmente de Cristo, creer que Cristo está contigo, que es tuyo, que perdona tus pecados, y todo ello sin preparación alguna, ni realizar nada por tu parte”

¡Bien! Gracias a Dios, eso es protestantismo. Y los católicos lo saben. ¿Lo sabéis vosotros? Veamos lo que dice el Señor en la página 51 de ‘El Camino a Cristo’:

“Es la voluntad de Dios limpiarnos del pecado, hacernos hijos suyos y habilitarnos para vivir una vida santa. De modo que podemos pedir a Dios estas bendiciones, creer que las recibimos y agradecerle por haberlas recibido. Es nuestro privilegio ir a Jesús para que nos limpie, y subsistir delante de la ley sin confusión ni remordimiento”. Efesios 1:3.

[Congregación: ‘Amén’]. ¿Sin ninguna necesidad de penitencia? -Desde luego.

Vuelvo a leer del libro católico, [que intenta presentar como absurda la postura protestante]:

“De hecho, por más deficiente que puedas ser en toda otra disposición requerida por los Católicos, y por más cargado de pecados, si confías solamente en que Jesús perdonará tus pecados y te salvará, en esa sola confianza serás perdonado, personalmente redimido, justificado y colocado en un estado de salvación”

Leamos ahora en las páginas 35 y 36 de ‘El Camino a Cristo’:

“Cuando Satanás acude a decirte que eres un gran pecador, alza los ojos a tu Redentor y habla de sus méritos. Lo que te ayudará será mirar su luz. Reconoce tu pecado, pero di al enemigo que ‘Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores’ (1 Tim. 1:15), y que puedes ser salvo por su incomparable amor. El Señor Jesús hizo una pregunta a Simón con respecto a dos deudores. El primero debía a su señor una suma pequeña y el otro una muy grande; pero él perdonó a ambos, y Cristo preguntó a Simón qué deudor amaría más a su señor. Simón contestó: ‘Aquel a quien más perdonó’ (Luc. 7:43). Hemos sido grandes deudores, pero Cristo murió para que fuésemos perdonados. Los méritos de su sacrificio son suficientes para presentarlos al Padre en nuestro favor”

¿Lo son? [Congregación: ‘Sí’]. Hay muchas más cosas en ese libro, que no tomaremos el tiempo en leer ahora. Más adelante define lo que es la fe. Considerad cuidadosamente el asunto, porque he encontrado a muchos que creen que lo que este libro católico llama fe, es realmente fe. Página 368:

“La palabra ‘fe’, en la Escritura, algunas veces significa confianza en la omnipotencia y bondad de Dios, en que él puede y está deseoso de cuidarnos o beneficiarnos mediante alguna interposición milagrosa. Se refiere sobre todo a verdades reveladas, y significa creencia en ellas como tales. Nadie en el mundo tiene derecho a dar a la palabra fe un significado nuevo y tomarla, por ejemplo, significando confianza en Jesús para ser personalmente salvo mediante esa sola confianza, a no ser que Jesucristo o los apóstoles hubieran atribuido claramente en alguna ocasión un significado tal a la palabra fe, y hubieran enseñado la doctrina de la confianza en Cristo para la salvación personal como único requisito para la justificación. Nadie debiera atribuir a la palabra fe un significado particular, sin poseer una sólida autorización en las Escrituras o en la tradición divina.

En muchos pasajes de las Escrituras en los que se habla con llaneza de la fe salvadora, fe no significa confianza en Cristo para la salvación personal, sino evidentemente una firme creencia en que Jesús es el Mesías, el Cristo, el Hijo de Dios, que lo que el evangelio registra sobre él es cierto, y que lo que él enseñó es cierto”

En la página 370 define la fe:

“Esos textos, referidos todos ellos a la fe salvífica, prueban más allá de toda duda que no es confianza en Cristo para la salvación personal, sino la fe del credo, la fe en las verdades reveladas”

Según lo anterior, ¿qué es fe? “La fe del credo”. Simplemente sacan de contexto una declaración que ellos llaman doctrina de Dios, y entonces crees eso y haces lo mejor que puedes, y eso pasa por justificación por la fe. Sea que el credo esté escrito en algún lugar, o sea que se lo apruebe por votación en una asamblea de la Asociación General, no hace ninguna diferencia en lo que respecta al principio: el credo está allí, y la aceptación del mismo constituye esa clase de fe. Y hay aquí algunos que recuerdan la ocasión –hace cuatro años- y el lugar –Minneapolis-, en que se hicieron tres esfuerzos directos por obtener precisamente eso en relación con el mensaje del tercer ángel, mediante un voto en la Asociación General. Las creencias de algunos las establecemos como hitos, y posteriormente votamos que nos vamos a aferrar a los hitos, sea que sepamos o no cuáles son esos hitos. Y después acordamos guardar los mandamientos de Dios, y un cúmulo de otras cosas que vamos a hacer, y pasamos todo ello como justificación por la fe.

¿Acaso no se nos habló en aquella ocasión de lo que dijo el ángel del Señor?: “No deis ese paso; no comprendéis lo que eso encierra” No puedo tomar el tiempo en deciros lo que eso encierra, pero el ángel dijo: ‘No lo hagáis’. En ello estaba el papado. Eso es lo que el Señor estaba intentando decirnos y quería que comprendiéramos. El papado estaba en eso. Era como ha sucedido en toda otra iglesia que haya salido del papado: corrieron durante un tiempo por la fe en Dios, y después establecieron alguna idea humana de doctrina, y votaron mantenerse ahí; votaron que esa sería la doctrina de esa iglesia, de forma que “esa es la fe del credo”, que es necesario seguir mediante el hacer de cada uno.

¿Hay aquí alguien de los que estuvieron en aquella ocasión, que no pueda ahora ver lo que entonces sucedió? Así, hermanos, ¿no es tiempo de desecharlo? [El ejercicio de la fe genuina] nos crucificará con Jesucristo. Causará una muerte tal al pecado, como la que jamás soñamos en nuestras vidas. Quitará esa mente papal de nosotros, ese espíritu endurecido, para poner en su lugar la mente divina, tierna y amante de Jesucristo, que no quiere credo, porque tiene a Cristo mismo.

Bien, permitidme que os lea en este libro [católico] algo más, y luego en este otro [El Camino a Cristo] su contraparte. Se diría que esos libros están escritos el uno para el otro. Hermanos, ¿cuál de los dos seguiremos? Os recomiendo seguir el Camino a Cristo. Eso es lo que es, y una vez que lo transitáis, es el camino con Cristo. Repito del libro católico:

“En muchos pasajes de las Escrituras en los que se habla con llaneza de la fe salvadora, fe no significa confianza en Cristo para la salvación personal, sino evidentemente una firme creencia en que Jesús es el Mesías, el Cristo, el Hijo de Dios, que lo que el evangelio registra sobre él es cierto, y que lo que él enseñó es cierto”

Esa es la “fe” católica. ¿Cuál es la idea verdadera, cuál la definición que el Señor da? ‘El Camino a Cristo’, página 63:

“Cuando hablamos de la fe debemos tener siempre presente una distinción. Hay una clase de creencia enteramente distinta de la fe. La existencia y el poder de Dios, la verdad de su Palabra, son hechos que aún Satanás y sus huestes no pueden negar en lo íntimo de su corazón”

¿Acaso no dijeron los malos espíritus a Jesús que él era el Cristo? [Congregación: ‘Sí’]. El diablo, Satanás y sus huestes, creen en la existencia y poder de Dios, en que su palabra es verdadera, y en que Jesús es el Mesías, el Cristo, el Hijo de Dios. Satanás y sus huestes creen todo lo anterior, pero eso no es fe. ¿Cuánto poder hay en su creencia, como para obrar el bien en sus vidas? -Absolutamente ninguno. No tienen fe. Pero esa es precisamente la “fe” católica, ¿no es así? ¿Qué tipo de fe es, pues, la suya? -La fe de Satanás. Es todo cuanto es; es la creencia satánica, ni más ni menos. Sin embargo, el papado la hace pasar por fe. Y cualquiera que lo da por fe es papista, aunque pueda hacer profesión de ser Adventista del Séptimo Día. Leo de ‘El Camino a Cristo’:

“La Escritura dice que ‘los demonios creen y tiemblan’ (Sant. 2:19), pero esto no es fe. Donde no sólo existe una creencia en la Palabra de Dios, sino que la voluntad se somete a él; donde se le entrega el corazón y los afectos se aferran a él, allí hay fe

Esa es la verdad de la fe que justifica; esa es la justicia por la fe; esa es fe que obra, gracias al Señor. No una fe que cree algo alejado, que mantiene la verdad de Dios en el atrio exterior, para procurar por sus propios esfuerzos cubrir lo que falta. No es esa fe, sino la fe que obra. Obra en ella misma; posee en ella un poder divino para manifestar en el hombre la voluntad de Dios ante el mundo. Eso es justicia por la fe, la justicia que la fe obtiene, recibe y retiene; la justicia de Dios.

Continúo leyendo de ‘El Camino a Cristo’:

“Allí hay fe, una fe que obra por el amor y purifica el alma. Mediante esa fe el corazón se renueva conforme a la imagen de Dios”

No necesito leeros más, pues lo leído basta para mostrar el contraste, y la hora es ya avanzada. Lo presentado evidencia que la doctrina papal sobre la justificación por la fe es doctrina de Satanás; se trata sencillamente de la mente natural dependiendo del yo, obrando por sí misma, exaltándose a sí misma; cubriéndolo todo con una profesión de creer en esto, en aquello y en lo de más allá, pero careciendo del poder de Dios. Por lo tanto, hermanos, que quede para siempre desarraigada.

En el paganismo, Satanás llevó al hombre a situarse a sí mismo en igualdad con Dios, sin ningún tipo de encubrimiento. Cristo vino entonces al mundo, revelando el verdadero evangelio como nunca antes –Cristo en el hombre, el hombre justificado por la fe en él, y por la fe sola; una fe que tiene en ella vida divina; una fe que tiene en ella misma poder divino; una fe que vive y obra; una fe que trae todas las cosas a aquel que la posee, y que restaura la imagen de Dios en el alma. Entonces Satanás tomó esa misma mente carnal que en el paganismo se había hecho a sí misma igual a Dios, y maquilló ahora su propia idea de la fe, haciéndola pasar como justificación por la fe, exaltando a su principal representante por encima de todo lo que se llama Dios, o que se adora; hasta hacerlo sentar en el templo de Dios como si fuese Dios.

¡Oh, que podamos tener la mente de Cristo, y no la mente carnal! ¡Que podamos tener la mente de Cristo, y no la de Satanás! ¡Que podamos tener la idea del Señor sobre la justificación por la fe, y no la idea de Satanás! Entonces recibiremos en verdad la lluvia tardía, “el instructor de justicia de acuerdo con la justicia”.

Hermanos, creamos el mensaje del tercer ángel. Ahora espero que el camino esté abierto ante nosotros para estudiar la justicia de Dios que es por la fe de Jesucristo, para todo el que cree. Avancemos en el temor de Dios, procurando que su Espíritu Santo nos lo aclare, de forma que ese Instructor de justicia pueda enseñarnos justicia, de acuerdo con la justicia.

 

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