General Conference Daily Bulletin, 1893
El mensaje del tercer ángel (nº 6)
A.T. Jones


Es mi propósito en esta noche hacer una especie de resumen de lo presentado la pasada semana, extrayendo después una lección a partir de ello. La primera noche –el martes-, tras haber informado sobre esa audiencia que sirvió de base para todo nuestro estudio posterior, dirigimos nuestra atención a tres puntos en particular; la noche del miércoles a otros tres, y anoche a un punto más. Recordaréis que los tres puntos de la primera noche centraron nuestra atención en la proclamación actual del mensaje del tercer ángel, según lo presenta el pasaje: "Si alguno adora a la bestia y a su imagen y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios" (Apoc. 14:9). Y eso muestra por sí mismo que ha llegado el tiempo en que la imagen está ahí y que se va a recibir su marca, puesto que la advertencia es contra la adoración de la bestia y su imagen, contra la recepción de la marca en la frente o en la mano.

El primero de los tres puntos consistía en que nos es imposible seguir realizando la obra tal como habíamos venido haciendo, y que estamos obligados a silenciar el mensaje tal cual es, en sus mismas palabras. El segundo, que eso muestra que se ha formado la imagen, lo que significa que todo el poder de la tierra queda en manos del enemigo del mensaje del tercer ángel y de la causa de Dios, quien lo va a ejercer en contra del pueblo y la obra de Dios. Por consiguiente, el que se ponga de parte de Dios tiene que depender de un poder superior al de todo el mundo junto. El punto tercero consistió en que al citar el cuarto mandamiento en la legislación, interpretándolo como siendo el primer día de la semana o domingo, y por lo tanto poniendo el domingo en el lugar del sábado del cuarto mandamiento, es tan literalmente cierto que las iglesias protestantes de este país, mediante el poder de este gobierno, han invalidado la ley de Dios en la medida en que el poder terrenal puede hacerlo, como lo fue en la apostasía original del papado cuando se asoció al gobierno con el mismo fin. Y habiendo sucedido así, Dios ha puesto en nuestros labios las palabras: "Tiempo es de actuar, Jehová, porque han invalidado tu Ley" (Sal. 119:126). Eso nos lleva al siguiente pensamiento: dado que todo el poder de la tierra está orientado contra Dios, contra su sábado y contra su pueblo que lo guarda, su pueblo, a fin de poder hacerle frente, ha de disponer de un poder que sea superior al que reúne toda la tierra en su contra, y que nos lleva al versículo citado: "Tiempo es de actuar, Jehová, porque han invalidado tu Ley". Por consiguiente, necesitamos el poder de Dios. Nuestra oración diaria es: Señor, ha llegado el momento de que tú actúes; nada hay que nosotros podamos hacer.

El siguiente punto en el estudio es: El mensaje se da a la vista del hecho de que quienes lo rechazan, habrán de recibir las plagas. "Si alguno adora a la bestia y a su imagen y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios".

La primera plaga se derrama sobre aquellos que reciben la marca de la bestia, y bajo la sexta plaga los reyes de la tierra se reúnen para la batalla del gran día del Dios Todopoderoso. En el tiempo de esa batalla regresa el Señor, y tiene lugar el fin del mundo. "El séptimo ángel derramó su copa por el aire. Y salió una gran voz del santuario del cielo, desde el trono, que decía: ‘¡Ya está hecho!’ Entonces hubo relámpagos, voces, truenos y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande cual no lo hubo jamás desde que los hombres existen sobre la tierra" (Apoc. 16:17 y 18).

En la historia de las naciones que fueron en el pasado, cuando una nación se negó a buscar al Señor, cuando eligió dar la espalda a Dios levantándose en rebeldía contra él, dejó de tener cabida en el mundo. La ruina fue su final inevitable. Puesto que este gobierno ha hecho eso mismo, no puede haber otra consecuencia que no sea su ruina.

Por cierto, esta tarde he estado leyendo "Special Testimonies", y hay un pasaje tan expresivo al respecto de este punto, que os lo leeré aquí. Está en la página 16 de "Special Testimony to Ministers and Conference Committees". Dice así:

"El mundo cristiano ha aceptado el hijo del papado, y lo ha acunado y alimentado, desafiando así a Dios al quitar su monumento conmemorativo y estableciendo un sábado rival" (Mensajes Selectos, vol. III, p. 463 -traducción revisada-).

¿Cuándo ocurrió eso? Cuando quitó su monumento conmemorativo; cuando desafió a Dios quitando su memorial y estableciendo un sábado falsificado. Esta es la palabra que leímos el otro día:

"El memorial de Dios ha sido derribado, y en su lugar se destaca ante el mundo un sábado falso".

Pero las iglesias lo han hecho con la intención de que el poder de este gobierno asegurarse la efectividad de su obra. ¿A qué se ha dejado arrastrar, pues, esta nación, por acción de las iglesias apóstatas que alberga? A desafiar a Dios. Cuando Belsasar desafió a Dios tomando las vasijas sagradas de la casa de Dios, profanándolas con su adoración lasciva, ese gobierno perdió su lugar en este mundo. Este gobierno ha llegado al mismo punto, y la ruina es lo único que ha de seguir. Ahora bien, la ruina de esta nación es la ruina del mundo, puesto que su influencia afecta al mundo entero, y la ruina tiene lugar en ocasión de la venida del Señor, momento en el que se ha de librar la gran batalla. Nos encontramos a las puertas de esos acontecimientos.

El siguiente punto consistió en que la iglesia judía apóstata se unió a "César" a fin de deshacerse del Señor. La iglesia apóstata romana había hecho lo propio, uniéndose a César a fin de deshacerse del sábado del Señor. Cuando se juntó con César, Dios no tuvo más remedio que destruir a la iglesia judía apóstata. Pero antes de destruirla, llamó de ella a todos los que serían suyos. La iglesia judía era a la vez iglesia y nación, de forma que al ser destruida, la lección quedó desplegada ante el mundo a modo de ejemplo, tanto para iglesias como para naciones. Se trataba de la nación e iglesia judía, que había dado la espalda a Dios. Cuando la iglesia judía desechó a Dios, la nación judía estaba haciendo eso mismo. La nación había de ser entonces destruida, y también la iglesia. Así, el resultado de esa apostasía, tanto para la iglesia como para la nación, había de ser sólo uno: la ruina.

Cuando la iglesia de Roma siguió el mismo camino, significó la ruina para el imperio romano; y, habiendo seguido esta nación el mismo camino, no cabe esperar otra cosa que la ruina, y la ruina para la nación es también la de la iglesia. Pero antes de esa ruina inminente, se escucha el mensaje: "¡Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados ni recibáis parte de sus plagas!" (Apoc. 18:4).

Por último, anoche vimos que la intención del papado es reunir a todas las naciones bajo su influencia; y una vez logrado lo anterior, esa institución se felicita a sí misma diciendo: "Estoy sentada como una reina, no soy viuda y no veré llanto" (vers. 7). ¿Qué viene después? -Las plagas.

A esta nación le ha de suceder lo mismo que sucedió a las precedentes, cuando volvieron a Dios la espalda, y nos encontramos en la vorágine de los eventos que provocarán todo eso. Lo mismo que sucedió a las otras naciones que olvidaron a Dios, va a suceder pronto aquí.

Hay siete puntos diferenciados, cada uno de los cuales nos lleva a los eventos del mensaje del tercer ángel, mensaje que ha de salvar a todo aquel que vaya a ser salvo antes del fin del mundo. No se trata de puntos "fabricados". Cada uno de ellos es simplemente la consecuencia de cosas que están ante la vista de cualquiera en este mundo. Este es el texto con el que comenzamos: "El pueblo que comprenda ahora lo que está pronto a sobrevenirnos, en vista de lo que está ocurriendo ante nuestros ojos, no confiará ya más en invenciones humanas, y sentirá que es necesario reconocer, recibir y presentar a la gente el Espíritu Santo" (E.G.W., The Home Misionary, 1 noviembre 1893). Así, en las sucesivas lecciones he procurado analizar lo que está ante nosotros en el mundo, y ver lo que está a punto de ocurrir; no simplemente lo que va a llegarnos, sino lo que va a llegarnos pronto, con todo lo que implica. No hay forma de escapar a las cosas que todos pueden y deben ver en el mundo, sea que tengan los ojos abiertos o no. Sea que crean o no en lo que está a punto de venir, no pueden evitar ver lo que ven; no hay para nadie escapatoria, de no ser mediante el mensaje del tercer ángel.

Avancemos ahora un poco más en lo que eso significa para nosotros. Hemos visto que todo el poder de esta tierra está ahora bajo la influencia del papado. Todos lo podéis ver. Pero ¿quién es el dirigente en el papado? ¿Quién está obrando contra la iglesia de Dios? Satanás. ¿Mediante quién obró mientras Cristo estuvo en la tierra? Mediante el dragón. ¿Mediante quién obró cuando la iglesia estuvo en el desierto? Mediante la bestia. ¿Mediante quién obra contra la iglesia remanente? Mediante la imagen. Mediante el dragón, la bestia y el falso profeta –o imagen-. Esos son los tres instrumentos mediante los cuales hace guerra contra la iglesia de Dios, desde el nacimiento de Cristo hasta el fin del mundo.

Todos los poderes de la tierra se encuentran, pues, en las manos de Satanás, quien los empleará contra la iglesia. ¿Cuánto tiempo creéis que va a pasar antes de que se cumpla ese versículo que dice que Satanás obra con todo el poder? ¿Acaso no lo está haciendo ya? Todo el poder que conoce esta tierra, todo el poder que hay en el reinado en donde mora Satanás, está ahora en sus manos. Va a obrar con todo el poder. "La aparición de ese inicuo es obra de Satanás, con gran poder, señales y prodigios mentirosos" (2 Tes. 2:9). ¿Para qué ha reunido ese poder, si no es para usarlo? ¿Suponéis que va a estar parado mucho tiempo, especialmente cuando el pueblo de Dios se esté encomendando y consagrando al Señor? Eso es lo que enfurece a Satanás, que se guarden los mandamientos de Dios y se manifieste el testimonio de Jesús.

Así pues, todo ese poder está en sus manos, para emplearlo contra la iglesia de Dios, contra Dios, contra su sábado y contra aquellos que respetan al Señor y a su sábado, puesto que esa es la señal de lealtad al Señor.

Por lo tanto, repito que todo aquel que vaya a ser fiel a Dios lo habrá de ser en contra de todo el poder que hay en el mundo: todo el poder que este mundo conoce, del tipo que sea. Así pues, hermanos, el asunto que vosotros y yo hemos de decidir ahora, es si vamos a avanzar o no. Hemos de decidir si vamos a avanzar, o si nos paramos aquí. Tan ciertamente como decidamos permanecer en la profesión que hemos hecho, tan ciertamente como decidamos tenernos por la ley de Dios y la fidelidad a nuestra profesión, habremos de hacerlo en contra de todo el poder que este mundo conoce, estando Satanás en posesión y uso de tal poder. Hemos de mantener nuestra lealtad a Dios y a su ley, en contra de toda consideración, soporte o protección humanas. ¿No se va a tratar acaso del pueblo que se tiene por la ley de Dios, que depende de Dios solamente, puesto que nada hay debajo del sol de lo que pueda depender?

Debemos advertir a la gente del mundo acerca de ese poder, debemos advertirlos contra sus maquinaciones, sacarlos de ahí y llevarlos a Dios. ¿Podré hacer eso de alguna forma si conservo cualquier conexión con el mundo o la mundanalidad? [Congregación: "No"]. Si participo de un espíritu mundano y de una disposición mundana, ¿podéis decirme cómo voy a ser capaz de advertir a la gente a que se separe totalmente del mundo? ¿Qué fuerza tendrían entonces mis palabras para que alguien siguiera ese curso? ¿Alguien puede decirme cómo vais a poder lograrlo en ese caso? Poco importa que seáis pastor o no; que seáis un adventista del séptimo día, o sólo un profeso adventista; no hace falta que seáis un pastor: basta con que seáis un profeso adventista del séptimo día, a efectos de responder esta pregunta. Quiero saber cómo vais a mantener dignamente esa profesión, o a tener el poder necesario para abordar la gente de este mundo, si es que estáis conectados con este mundo en espíritu, mente, pensamiento, deseos o inclinaciones. No podréis ciertamente. Una conexión con el mundo del espesor de un cabello os privará del poder que ha de acompañar al llamamiento que advertirá al mundo contra ese poder inicuo y mundano, a fin de que se separen totalmente de él.

Por lo tanto hermanos, si en adelante nuestro mensaje ha de poseer poder, ¿qué debemos hacer? Hemos de romper cualquier amarra con todo lo que este mundo conoce. ¿Estáis dispuestos? No basta con que os pregunte si estáis dispuestos: ¿Lo habéis hecho ya? [Congregación: "Sí"].

La imagen que empleó el hermano Porter hace ya algún tiempo es espléndida. El profeta buscaba a quienes daban ese mensaje, pero miraba demasiado bajo. El ángel le dijo: ‘Mira más arriba’. Gracias al Señor, están por encima del mundo. Allí es donde pertenecen, por encima del mundo, sobre un fundamento que Dios ha establecido para que lo transiten. Y todos aquellos que estén en una posición tan baja como para hacer necesario que se mire al mundo para encontrarlos, no pueden dar el mensaje del tercer ángel. Hemos de estar por encima del mundo. Por lo tanto, cortad amarras, hermanos.

Ha llegado el momento como nunca antes en que tiene que haber una separación del mundo. "Yo os elegí del mundo", dice Jesús (Juan 15:19). Dado que nos ha escogido del mundo, busquémoslo cada día a fin de que pueda comisionarnos. Cristo dijo a sus discípulos: "Yo os elegí a vosotros y os he puesto [comisionado u ordenado] para que..." (Juan 15:16). Nos ha escogido; asegurémonos de que nos ha comisionado para la obra que tiene para nosotros, que consiste en llevar la palabra de Dios en contra de todo el poder que este mundo conoce, a fin de separar del mundo a un pueblo, tan separado para Dios como para renunciar totalmente al poder de este mundo y a toda conexión con él.

Lo anterior nos lleva una vez más a la consagración. Gracias al Señor porque sea así. Y no podemos aferrarnos al mensaje del tercer ángel, no podemos mantenernos en él ni tener su espíritu o realizar su obra, sin una consagración plena.

Otro punto al respecto: Los que se tengan por la ley de Dios no van a ser tenidos en alta consideración por mucho tiempo. De ninguna manera. No van a ser apreciados, loados ni cortejados. Al contrario. Quizá sea mejor que lo leamos de "Great Controversy", vol. IV, p. 590:

"Y luego el gran engañador persuadirá a los hombres de que son los que sirven a Dios los que causan esos males. La parte de la humanidad que haya provocado el desagrado de Dios lo cargará a la cuenta de aquellos cuya obediencia a los mandamientos divinos es una reconvención perpetua para los transgresores. Se declarará que los hombres ofenden a Dios al violar el descanso del domingo; que este pecado ha atraído calamidades que no concluirán hasta que la observancia del domingo no sea estrictamente obligatoria; y que los que proclaman la vigencia del cuarto mandamiento, haciendo con ello que se pierda el respeto debido al domingo y rechazando el favor divino, turban al pueblo y alejan la prosperidad temporal. Y así se repetirá la acusación hecha antiguamente al siervo de Dios y por motivos de la misma índole: ‘Y sucedió, luego que Acab vio a Elías, que le dijo Acab: ¿Estás tú aquí, perturbador de Israel? A lo que respondió: No he perturbado yo a Israel, sino tú y la casa de tu padre, por haber dejado los mandamientos de Jehová, y haber seguido a los Baales’ (1 Rey. 18:17 y 18). Cuando con falsos cargos se haya despertado la ira del pueblo, éste seguirá con los embajadores de Dios una conducta muy parecida a la que siguió el apóstata Israel con Elías" (El conflicto de los siglos, p. 647 y 648).

Y en la página 590 leemos:

"Los que honren el sábado de la Biblia serán denunciados como enemigos de la ley y del orden, como quebrantadores de las restricciones morales de la sociedad, y por lo tanto causantes de anarquía y corrupción que atraen sobre la tierra los altos juicios de Dios. Sus escrúpulos de conciencia serán presentados como obstinación, terquedad y rebeldía contra la autoridad. Serán acusados de deslealtad hacia el gobierno. Los ministros que niegan la obligación de observar la ley divina predicarán desde el púlpito que hay que obedecer a las autoridades civiles porque fueron instituidas por Dios. En las asambleas legislativas y en los tribunales se calumniará y condenará a los que guardan los mandamientos. Se falsearán sus palabras, y se atribuirán a sus móviles las peores intenciones" (Id., p. 649).

En "Testimony" nº 32, p. 208, leo un testimonio dado en 1885, hace ya siete años:

"Mientras los hombres están durmiendo, Satanás arregla activamente los asuntos de tal manera que el pueblo de Dios no obtenga ni misericordia ni justicia" (Joyas de los Testimonios, vol. II, p. 152).

¿Cómo se podría esperar que obtuviéramos misericordia y justicia, siendo que todo el poder de los gobiernos de la tierra está en las manos del papado, y es Satanás quien lo dirige? ¿Y cómo podríais esperar justicia cuando el propio Satanás ha dispuesto todo el poder de esta tierra en contra del pueblo de Dios? No hay ahí ninguna justicia: no la podemos esperar. Eso nos lleva al punto de que hemos de estar tan separados de este mundo como para no esperar protección alguna del mismo, como para no esperar ninguna misericordia ni justicia del mundo. Si las obtenemos, se tratará sólo de misericordia de Dios, manifestada en ellos a pesar suyo. Cuando estamos en una posición en la que la única misericordia que podemos esperar de la tierra es la que Dios arranque de ellos, ¿dónde está nuestra única dependencia? En Dios.

No nos van a tratar bien, ni gozaremos de una alta consideración. Se fabricará y esparcirá toda clase de reproches contra nosotros. Quisiera saber cómo podrá alguien permanecer fiel al mensaje del tercer ángel, cumpliendo su obra, si está preocupado por lo que los demás digan de él, importándole mucho su reputación y siendo dependiente de ella. No podrá. Pero gracias al Señor, Dios tiene algo mucho mejor en que podemos confiar, que es el carácter. No olvidemos que Jesús, nuestro ejemplo en este mundo, menospreció el oprobio y se despojó de su reputación (Heb. 12:2; Fil. 2:7).

Eso establece el hecho de que el pueblo que haya de dar el mensaje del tercer ángel y tenerse en pie fielmente por Dios, lo habrá de hacer considerando exclusivamente el carácter, y habrá de desechar todo cálculo relativo a la reputación. Nunca más habrán de entrar ya en nuestros cálculos cuestiones de reputación tales como ‘qué van a pensar o decir los demás de nosotros’. La reputación no salvará a nadie. Si ha de estar condicionado por aspectos de imagen y reputación, si es que eso ha de tener la más mínima importancia en su mente, es preferible que claudique del todo, pues nunca podrá conservar su reputación quien se atiene al mensaje del tercer ángel.

Por lo tanto, ahora mismo, hoy, es el momento de abandonar todas esas profesiones, ya que haciendo así aliviaréis a vuestros hermanos. Si es que habéis de claudicar finalmente, hacedlo cuanto antes; puesto que cuanto más lejos vayáis -para claudicar después-, más difíciles pondréis las cosas a vuestros hermanos. Por lo tanto, a menos que lo asumáis plenamente, mejor abandonadlo esta noche, tomad otro camino y dejadlo del todo; permitid así que queden en libertad los que vayan al frente. Hemos llegado a la encrucijada de la decisión, en la que cada uno ha de elegir teniendo en cuenta que no se podrá depender de nada que haya en este mundo, que no habrá de entrar en los cálculos ninguna de las consideraciones que este mundo pueda presentar. En particular, no ha de tener cabida ninguna consideración relativa a la reputación o a qué van a pensar los hombres. Cuando todo el poder del mundo esté en contra de quienes se mantengan fieles a Dios, el carácter de Jesucristo valdrá diez mil veces diez mil reputaciones que sea posible manufacturar.

La reputación es algo muy importante a los ojos del mundo, pero para Dios no significa nada. Reputación es todo lo que Satanás tiene para ofrecer. Es su único fundamento, y la declaración que frecuentemente se cita es correcta, referida al hombre en cuyos labios la coloca quien la escribió: "El tesoro más preciado que la mortalidad puede conceder es una reputación inmaculada". Era adecuada para él, pues la reputación es todo cuanto tenía. Con posterioridad declaró haberla perdido, y quedó hundido en el pesar, clamando: "¡Oh, mi reputación!... He perdido mi reputación". Y una vez que la hubo perdido, por supuesto no le quedaba nada en que apoyarse. Estaba totalmente desvalido. No tenía un carácter del que depender, sino sólo una reputación perdida. Es muy propio que ese sentimiento proceda de él, debido al "carácter" que poseía aquel en cuya boca puso esas palabras quien lo escribió; pero se trata de una mentira. El tesoro más preciado que la mortalidad puede conceder no es la reputación inmaculada: el tesoro más preciado que tanto la mortalidad como la inmortalidad conceden es un carácter inmaculado; y el único carácter inmaculado que este mundo ha conocido es el de Jesucristo. Y ese, su carácter, nos lo da a ti y a mí, un gratuito y bendito don de parte de Aquel que edificó dicho carácter en sí mismo.

Por lo tanto, hermanos, dejad que el viento se lleve toda cuestión relativa a la reputación. Ahí está su lugar, pues la reputación es tan inestable como el viento, mientras que el carácter es tan permanente como la eternidad. Abandonad, pues, todo apego a la reputación. Tengamos un carácter; tengamos ese carácter que resistirá el juicio. Si es así, aunque Satanás con todo su poder logre atribuirnos la peor reputación que quepa inventar, demos gracias a Dios por haber obtenido un carácter que resistirá en el juicio. Podemos permitirnos prescindir del mundo y de la reputación: en Jesucristo tenemos algo muchísimo mejor.

Eso no es todo. Hay otra faceta. Está llegando el momento en que todo el que se adhiera al mensaje del tercer ángel y al sábado del Señor, manteniéndose fiel, no podrá comprar o vender nada en este mundo. Por lo tanto, todo el que profese ser adventista del séptimo día, todo el que profese fidelidad al mensaje del tercer ángel, tiene ahora que decidir si va a seguir firme, en contra de toda consideración relativa a la posesión y a la propiedad en este mundo.

Ni en nuestros cálculos ni en nuestra obra debiera entrar consideración alguna relativa a la propiedad o a los intereses comerciales mundanales. Ninguna consideración de ese tipo debiera entrar en los cálculos de ningún adventista del séptimo día a partir de ahora. De lo contrario, haría mejor en detenerse aquí mismo, ya que si voy a plantearme cuánto voy a tener, cómo va a irme este o aquel negocio, o lo que voy a ganar o perder de esta o de aquella forma, en el caso de ser fiel al sábado; si voy a permitir que esas cuestiones entren en mis cálculos, es mejor que me entregue totalmente a los intereses propios y deje lo otro. Ahora bien: ¿Cuál ha de ser el final de esas ganancias, de esas propiedades que me hacen cuestionar y dudar? La más completa destrucción. Por lo tanto, si hay alguna cuerda de simpatía que me ata con lo terreno, cuando llegue el momento de su destrucción, ¿cuál será mi suerte? Evidentemente, la misma. Supongamos que dicha cuerda tiene solamente el calibre de un hilo. ¿Me arrastrará? Sin duda lo hará. Por lo tanto, hermanos, ha llegado el momento de cortar toda atadura. Y una vez más hemos llegado al momento decisivo.

Todo el que permanezca fiel al mensaje del tercer ángel deberá afrontarlo, y lo hará al margen de toda consideración relativa al provecho, al dinero, a la propiedad o a cualquier cosa por el estilo. Nada de eso tendrá el más mínimo peso para él, en cuanto a su proceder en relación con el mensaje del tercer ángel. Ahí está la declaración: "...y que ninguno pudiera comprar ni vender, sino el que tuviera la marca o el nombre de la bestia o el número de su nombre" (Apoc. 13:17). "Si alguno adora a la bestia y a su imagen y recibe la marca en su frente o en su mano" (14:9). No es de ninguna forma necesario que crea en ella. La ley dice: ‘Guarda el domingo’. Y si lo guarda, ¿qué significa? Que ha entrado en un compromiso con Satanás y que ha aceptado la marca de Satanás, en lugar de la de Cristo. Ha puesto a Satanás por encima de Cristo en su consideración, y está obedeciendo al poder del mundo y no a las palabras de Cristo. ¿De cuánto poder va a disponer para su salvación del mundo, quien así proceda?

Aquel que se compromete con las leyes dominicales hasta el punto de dejar de trabajar y observar el domingo porque así lo establece la ley, mientras piensa que está guardando el sábado, puso a Satanás por encima de Cristo. Está poniendo su dependencia en el poder terrenal. Pero ¿en manos de quién está ese poder? En las manos de Satanás. Por lo tanto, de acuerdo con su profesión y sus actos, ¿acaso no está dependiendo de Satanás, tanto como de Cristo? ¿Tienen uno y otro alguna concordia? Ninguna. Bien, pues no permitamos a Satanás que participe, hermanos. Nadie que se mantenga fiel al mensaje del tercer ángel permitirá que Satanás tenga una participación como esa.

¿No es el sábado la señal de lo que Dios es para el hombre? ¿No es la señal del Dios verdadero, y no es Dios el que es? Siendo así, ¿no es la señal de lo que Dios es, tanto como de que Dios es? Por consiguiente, ¿qué es? Es el Señor, el Señor Dios, Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado. Él es nuestra vida.

El sábado es, pues, la señal de lo que Dios es para aquel que cree en él. Pero ¿dónde encontramos a Dios? ¿Dónde únicamente se lo puede encontrar? En Jesucristo. "Nadie conoce... quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar" (Luc. 10:22). Así, para nosotros, Cristo es Dios. Para este mundo y para todas las criaturas inteligentes, Cristo es Dios. Por lo tanto, ¿no es el sábado la señal de lo que Cristo es para el hombre? Al observarlo, es la señal de lo que Cristo es para nosotros. Por lo tanto, si observo el domingo debido a que la ley lo establece así, eso significa que para mí el domingo es tan importante como el sábado, pero eso es lo mismo que decir que Satanás significa para mí tanto como Cristo. Y cuando sucede eso, Cristo no significa mucho para mí. Cuando Cristo significa tan poco como para no importarme el tomar la señal del poder del papado, que no es otra cosa que la señal del poder de Satanás, poniéndolo al mismo nivel que lo que Cristo es para mí, entonces Cristo no es nada para mí. Si Cristo no lo es todo, ¿qué es entonces? "Cristo es el todo y en todos" (Col. 3:11). Si Cristo no lo es todo para mí, ¿qué es entonces? -¡Nada! Eso nos lleva de nuevo al hecho de que hemos de resistir esa señal en contra de toda consideración que el mundo pueda hacer.

Eso no es todo. Hay aún otra idea en el versículo:

"Se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablara e hiciera matar a todo el que no la adorara".

Ha de llegar un momento en el que se pronuncie sentencia de muerte sobre aquel que permanezca fiel al mensaje del tercer ángel. Perderá su derecho a la vida, según los poderes de esta tierra en cuyas manos está. Por lo tanto, ¿habrá de caber en nuestros cálculos alguna consideración relativa a la vida? ¿Qué os parece, hermanos?

¿Podrá alguien considerar el valor de su vida ahora, permitiendo que pese en sus cálculos relativos a si va a permanecer fiel o no al mensaje del tercer ángel? Haremos bien en meditar en esas cosas, discerniendo su significado. Si permito que la preservación de mi vida temporal tenga alguna influencia en mi compromiso con el mensaje del tercer ángel, ¿de qué sirve que siga pretendiendo ser fiel al mensaje? ¿No es preferible que lo abandone aquí y ahora? El hecho, tal como hemos visto, es que permanecer de parte del mensaje ha de significar la pérdida de esta vida. Por lo tanto, si le concedemos la importancia que sea en nuestra decisión, es mejor que nos detengamos y abandonemos cuanto antes el asunto.

La pena de muerte está incluida en cada uno de los pasos que configuran la persecución. Puede no estar explicitada en palabras, pero está allí presente desde el primer paso, ya que cuando el gobierno se implica en leyes religiosas opresivas, lo hace siempre con el objeto de preservarse a sí mismo. Así se ha declarado de forma explícita en el caso de esta ley dominical del Congreso. Los que desobedecen las leyes dominicales son multados preceptivamente, pero no pagan sus multas –no lo harán ciertamente los guardadores del sábado. Entonces han de ser encarcelados para pagar esa deuda. Al término de su reclusión son devueltos a la libertad. Vuelven entonces a trabajar en domingo, siendo ahora más elevada la multa en razón de su reincidencia, lo que lleva a su vez a una encarcelación más prolongada. Pero en ningún caso se logra que dejen de trabajar en domingo, tal como pretende esa ley. Por lo tanto, dado que ninguna de las penas logra el objetivo de ese precepto, tiene lugar una escalada punitiva que termina sólo al alcanzar la más dura de las penas: la pena de muerte. Por consiguiente, la pena de muerte está implícita en toda ley dominical que jamás se haya promulgado en esta tierra, tan ciertamente como que toda ley ha de ser cumplida y aplicada. Debido a ello, el historiador Gibbon dijo al mundo hace ya más de cien años:

"Corresponde a los autores de la persecución el decidir previamente si están determinados a sustentarla hasta su última consecuencia. Obrando así excitan la llama que se esfuerzan por asfixiar, y pronto se hace necesario castigar la contumacia y crimen del ofensor. La multa impuesta, que no quiere o no puede satisfacer, expone a esa persona a la severidad de la ley, y la ineficacia de las sanciones menores sugiere el recurso a la pena capital".

El historiador llamó así la atención de las naciones y de sus dirigentes en todo el mundo, a fin de que antes de entrar en el camino de la persecución consideren si están dispuestos a respaldarla con la pena capital. Si no lo están, es mejor que desistan antes de comenzar. Así es en los principios, y así se ha de demostrar en la práctica.

¿No resulta, pues, claro que los que permanezcan fieles al mensaje del tercer ángel, fieles a la ley de Dios y a su sábado, lo habrán de hacer al margen de toda consideración relativa a la preservación de su vida? [Congregación: "Sí"].

Otro punto: Cuando hayan desaparecido todo apoyo y protección de esta tierra; cuando se nos haya desprovisto de la reputación que tanto valora el mundo; cuando se hayan perdido toda propiedad o medio de ganancia, e incluso cuando la propia vida resulte amenazada, ¿qué quedará entonces?, ¿cuánto, de los intereses y cosas de este mundo, ligará al que permanezca fiel? Aquel que, después de contar el costo, dejó de lado toda consideración relativa al apoyo y protección terrenales, a la misericordia y la justicia que cabría esperar; aquel que desestimó lo que van a pensar o decir los demás sobre eso, quien asumió la pérdida de sus propiedades, su imposibilidad de comprar o vender, quien prescindió de todo apego por la preservación de su propia vida, al que así hizo, ¿cuánto le queda del mundo? [Congregación: "Nada"].

¿Acaso la Biblia, la Palabra de Dios, no emplaza a todo adventista cara a cara con esas decisiones, demandando de él una elección? [Congregación: "Sí"]. Ha llegado, por lo tanto, el momento de recapacitar seriamente. Es ciertamente tiempo de pensar con mucha seriedad. Pero gracias al Señor, no tenemos motivo alguno para estar atemorizados ante nuestro enemigo. El Señor nunca permitirá que seamos llevados a un lugar del que no hayamos de salir de forma mucho más gloriosa que si nunca hubiéramos estado allí. El Señor nunca nos llama a seguir un curso de acción que conduzca a la pérdida de algo, si es que no nos da en lugar de lo que se perdió algo de valor infinitamente superior. Cuando nos llama a permanecer fieles a su verdad, siendo que eso nos lleva a expulsar de nuestros cálculos toda consideración de soporte o protección terrenales, nos está diciendo simplemente: ‘Aquí está para ti todo el poder del cielo y de la tierra’. "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra" (Mat. 28:18), y "Yo estoy con vosotros". Se trata de la protección del Todopoderoso traída en favor nuestro. "El eterno Dios es tu refugio y sus brazos eternos son tu apoyo" (Deut. 33:27). "Mira que te mando que te esfuerces y que seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas" (Jos. 1:9). ¿No es esa su palabra? Leámosla en mayor extensión. En Isaías 51 encontramos una oración que el Señor quiere que elevemos a él:

"¡Despiértate, despiértate, vístete de poder, brazo de Jehová! ¡Despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados! ¿No eres tú el que despedazó a Rahab, el que hirió al dragón? ¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo, el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos? Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sión cantando y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas. Tendrán gozo y alegría y huirán el dolor y el gemido" (vers. 9-11).

¿Cómo han de entrar en Sión? –Cantando. Comencemos ya ahora. El Señor no desea que entremos con las cabezas bajas y escondiéndonos, como si temiéramos ser vistos y no tuviéramos sitio en el mundo. "Erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca", dice Jesús (Luc. 21:28). Cada uno de nosotros pertenecemos a este mundo hasta que Dios termine con nosotros, y ni el mismo Satanás puede ocasionarnos daño alguno hasta que el Señor termine con nosotros, y ni aún entonces podrá hacernos daño alguno. Alegrémonos de que sea así.

"Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor de los mortales y de los hijos de los hombres, que son como el heno?" (Isa. 51:12).

¡Y profesamos creer en Dios! Nos aferramos a la ley de Dios, tenemos el sábado del Señor, que nos revela quién es Dios: nos dice que él es el verdadero Dios, el Dios viviente y Rey eterno; la tierra temblará cuando se aire, su palabra es capaz de traer a los mundos a la existencia, su misma palabra los deshace en pedazos; y hay aquí ciertos hombres que son como el heno que se seca y se desvanece en un breve tiempo, que te dicen que si haces tal cosa vas a ir a la cárcel, y que si persistes en ella hasta el final serás condenado a muerte. ¡Y eso nos atemoriza! ¿Acaso no tiene razón Dios, al hacernos una pregunta como esa? ‘¿Quién eres tú para que tengas temor de uno que ha de morir?’ Eso es lo que quiere saber. ¿No es una sabia pregunta? "Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor de los mortales y de los hijos de los hombres, que son como el heno?" ¿No veis que el que profesa creer en el Señor lo insulta al temer de esa forma al hombre? El Señor declara que si teme, no está dependiendo de él.

Leamos más. "¿Ya te has olvidado de Jehová, tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra? Todo el día, sin cesar, has temido el furor del que aflige, cuando se dispone a destruir. ¿Pero dónde está el furor del que aflige?" (vers. 13). Gracias al Señor. Es justamente ahora cuando el furor del que aflige está a punto de desatarse. ¿Por qué nos habríamos de atemorizar ante él, como si fuese capaz de destruir? ¿No fue Elías atacado y expulsado, teniendo que huir por su vida? Tras haber efectuado un largo viaje se sintió exhausto y se recostó para descansar. Quedó entonces dormido y un ángel del Señor se puso junto a él. El ángel lo tocó y le dijo: ‘Levántate, Elías, y come’. Encontró un pan cocido en brasas y un jarro de agua junto a su cabecera. Gracias al Señor.

¿No estaba Elías perfectamente a salvo? Hermanos, ¿no os parece que vale la pena ser expulsados, a fin de tener un encuentro así con un ángel? ¿Preferís acaso no ser expulsados y quedaros sin ese encuentro? No temamos, pues. Elías se volvió a dormir tranquilamente, tal como hizo también Pedro cuando fue condenado a muerte. ¿Y por qué no habrían de hacerlo? ¿De qué habría servido preocuparse? Elías se quedó nuevamente dormido, y el ángel vino por segunda vez a despertarlo y a ministrarle. Le dijo de nuevo: ‘¡Levántate, Elías, y come, porque te espera un largo viaje!’ Hermanos, Dios nos dará pan para el viaje. Si el viaje es demasiado largo, nos dará una doble ración antes de iniciarlo. Os digo, hermanos: es tiempo de que aprendamos a confiar en el Señor. Hagámoslo ya ahora. Él nos lo ordena. Leemos en otro lugar: "Se le dará su pan y sus aguas tendrá seguras" (Isa. 33:16). Así es.

"El preso agobiado será libertado pronto; no morirá en la mazmorra ni le faltará su pan. Yo Jehová, que agito el mar y hago rugir sus olas, soy tu Dios, y mi nombre es Jehová de los ejércitos. En tu boca he puesto mis palabras y con la sombra de mi mano te cubrí, extendiendo los cielos, echando los cimientos de la tierra y diciendo a Sión: ‘Pueblo mío eres tú’" (Isa. 51:14-16).

Por lo tanto, hermanos, recibámoslo; entonces no habremos de temer la opresión o las dificultades, o si no vamos a poder comprar o vender absolutamente nada, ya que el Señor tiene para nosotros algo muchísimo mejor.

Con respecto a la reputación: Olvidadla. Él nos da un carácter, un carácter que él mismo tejió desde el pesebre hasta el sepulcro, un carácter completo en todo respecto; y nos dice: ‘Tómalo y póntelo, y ven a mi cena de bodas’. Ese es el carácter, y esas las vestiduras que coloca sobre su pueblo, de forma que las plagas no puedan afectarlo, y el poder del enemigo no pueda vencerlo ni contaminarlo. "En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios, porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió y como a novia adornada con sus joyas" (Isa. 61:10). Gracias al Señor.

Con respecto a la vida: Cuando el Señor nos llama a tomar posición de lealtad hacia su ley, eso implicará la amenaza de la pérdida de nuestras vidas. ¿Qué sucede entonces? Nos dice simplemente: ‘No os preocupéis por esta vida: va a desvanecerse de todas formas dentro de muy poco tiempo; aquí está esta otra vida que perdurará por la eternidad’. Cuando nos pide que seamos fieles a su ley, haciendo que esta vida volátil y mortal resulte amenazada, nos dice: ‘Aquí hay vida inmortal’. "El que cree en el Hijo tiene vida eterna" (Juan 3:36). "Este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo" (1 Juan 5:11). ¿Nos la ha dado? El que tiene al Hijo, ¿va a tener vida eterna en algún momento en el futuro? "El que tiene al Hijo tiene la vida" (vers. 12). ¿Cómo podríamos tener al Hijo sin tener la vida? ¿Está acaso Cristo muerto? ¡No! ¡Vive! Así, cuando lo tenemos a él, tenemos la vida que hay en él.

Ved a dónde nos lleva, cuando alguien que profesa tener a Cristo no cree tener la vida que hay en Cristo, que es vida eterna. ¿Qué clase de Cristo es ese? ¿Un Cristo que no tiene vida en sí mismo? Imposible. Cristo no está muerto. ¿No es eso lo que ha estado resonando en nuestros oídos una vez tras otra, durante años, mediante la voz que ha estado hablando de parte del Señor? "Hermanos, Cristo no está en la tumba nueva de José, con su gran piedra sellando la entrada del sepulcro. No: ¡Ha resucitado! ¡Vive! ¡Vive! Proclamadlo con la voz y con la pluma".

Puesto que vive, y vive para siempre, cuando lo tengo a él, tengo a un Salvador viviente. "El que tiene al Hijo tiene la vida". ¿Qué tipo de vida es la que hay en él? Sólo vida eterna. Así, cuando lo tengo a él, tengo su vida, que es vida eterna, tal como él mismo afirmó. Pero tal como nos ha enseñado el hermano Haskell en sus presentaciones, no podemos tener su vida a menos que entreguemos la nuestra. Al hacer así, nos encontramos con Jesucristo. Esa es hoy la enseñanza. Someted esta vida, y obtendréis a cambio una que es infinitamente superior. Ahora es el tiempo de hacerlo. Pero si me aferro a esta vida, cuando se acabe, ¿qué me va a quedar? [Congregación: "Nada"].

Por lo tanto, aquel que dispone únicamente de esta vida no debiera aventurarse en el mensaje del tercer ángel, pues al llegar la prueba en la que se pondrá en juego la vida, se aferrará a ella. Ahí está el peligro. Nadie puede andar el recorrido que ha de hacer el mensaje del tercer ángel, solamente con esa vida que tiene. Le será imposible. Dado que es todo cuanto tiene, se aferrará a ella al sentirse amenazado. Pero aquel que da su vida por perdida, no aferrándose a ella, y toma esa vida que se mide con la vida de Dios, esa vida que es la vida de Dios, poseerá una vida que no puede resultar jamás amenazada. Estará a salvo. Podrá ir allá donde el mensaje lo requiera, puesto que Aquel que es la vida del mensaje, es también la vida del que permanece fiel a dicho mensaje.

Por lo tanto, "dondequiera que vamos, llevamos siempre en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos, pues nosotros, que vivimos, siempre estamos entregados a muerte" (2 Cor. 4:10 y 11). ¿No ha de ser así, de ahora en adelante? ¿No es una verdad viviente desde ahora, que aquellos que se ponen de parte del mensaje del tercer ángel están siempre "entregados a muerte" tan ciertamente como sucedió con los apóstoles? Siempre estamos "entregados a muerte", y eso entra en cada uno de nuestros cálculos. Vivimos cada momento conscientes de esa realidad.

Por lo tanto, hermanos, en lugar del poder de la tierra del que no podemos depender, y que está decididamente en nuestra contra, Dios nos da el poder de Dios.

En lugar de reputación, Dios nos da un carácter.

En lugar de cosas terrenales –riquezas, casas, tierras, propiedades, negocios o consideraciones de ese tipo-, Dios nos da a Jesucristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento, y "vosotros estáis completos en él" (Col. 2:10). Dios lo ha constituido heredero de todo, y nosotros somos herederos de Dios, y coherederos con Cristo si es que sufrimos con él, a fin de que también seamos glorificados juntamente con él. Él es heredero de todas las cosas y nosotros somos coherederos. Así ¿cuánto nos pertenece? [Congregación: "Todas las cosas"]. ¿Qué, pues, tenemos? Todas las cosas que Dios tiene. ¿No somos acaso ricos?

En lugar de esta vida que los poderes de la tierra nos quitarían, Dios nos da su vida. Cuando él nos pide que tomemos una posición de lealtad a él y a su causa, el Señor nos dice simplemente: ‘Aquí tienes vida eterna’.

Por lo tanto, hermanos, ¿no nos ha equipado el Señor completamente? Pongámonos pues ahora toda la armadura de Dios. Esto es lo que se requiere: que nos esforcemos en el Señor y en el poder de su fortaleza. "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por lo tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, habiendo acabado todo, estar firmes" (Efe. 6:12 y 13).

Así es como el Señor quiere que estemos, y eso es lo que quiere que hagamos. Y nos dice: "No te desampararé ni te dejaré" (Heb. 13:5). En ese punto es donde estamos. Hermanos, ¿qué vais a hacer?, ¿qué curso vais a seguir? "Escogeos hoy a quién sirváis" (Jos. 24:15).

 

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